El reto del Señor para la juventud de hoy

Por Ing. David Guerra G.

Cuando era un adolescente entre seis y dieciocho años, una de las cosas más preciadas para mí era sentir mi juventud, mi fuerza y mi deseo de vivir.

Sentíame dueño del mundo, poseedor de todas las respuestas, dispuesto a enfrentar todos los retos; en pocas palabras, era un joven.

América Latina tiene la bendición de contar con un alto porcentaje de jóvenes en su población, por lo que se le puede llamar «un continente joven».

La Biblia dice que «la gloria de los jóvenes es su fuerza», por lo que podríamos de allí derivar que una de las glorias de nuestros países es la fuerza pujante de su juventud.

Una fuerza que puede servirnos para bien, si se encamina correctamente, o para destrucción y ruina si se orienta por caminos equivocados.

Ante esta disyuntiva que se le presenta a la juventud latinoamericana, de qué camino escoger.  El inspirado libro, la Biblia, dice lo siguiente: «Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella, mas estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida eterna y son pocos los que la hallan».2

Presenta este libro los dos caminos, el camino ancho y el camino angosto, y es la juventud a la que le toca escoger entre ambos caminos, encontrar la puerta estrecha y entrar por ella.

Dios hace un llamado a la juventud de hoy a que escojan el camino angosto, el camino de salvación, el camino de vida abundante. Jesús dijo: «Yo soy el camino y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí». 3 También el joven David, salmista y poeta, músico y cantor, en el inspirado Libro de los Salmos escribe: «¿Con qué limpiará el joven su camino?» Y él mismo responde: «Con guardar tu Palabra«. 4

Y esta llamada de urgencia a «guardar su Palabra» es para jóvenes valientes, llenos de fuerza como tú, y sólo se puede atender a esa llamada por medio de su Palabra.

Hubo un joven judío, llamado Daniel, que vivió en los tiempos del Rey Nabucodonosor, tiempos duros como los de ahora, difíciles para una juventud como la nuestra; mas en medio de ese ambiente de presión Daniel «dispuso su corazón a no contaminarse con la comida del rey, ni con el vino que él bebía», 5 sino alimentarse con la comida de Dios.

Tremendo reto que lanzó ese joven valiente, fuerte, a la generación de aquel entonces, joven que no confiaba en su propia prudencia sino que había puesto toda su confianza en Aquel que todo lo puede: «EL DIOS FUERTE». 6

¿Y qué significa para hoy no contaminarse con la comida del rey, ni con el vino que él bebía? En nuestros tiempos significa no ser de la gente común, de los que van tras los caminos que marca la mayoría, caminos anchos que «parecen derechos pero que su fin es camino de muerte»? En palabras más precisas, significa no andar en borracheras, en drogas, en bajezas morales, en homosexualismo, en lesbianismo, en orgías, en rebeldías para con los padres, en fin, no comer la comida que se le presenta a un joven que está en la onda de hoy.

Daniel le lanzó un reto al servidor del rey, y le dijo: «Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez días y nos den legumbres a comer y agua a beber; compara luego nuestros rostros con los rostros de los otros muchachos que comen de la ración del rey, y haz después con tus siervos según veas». 8

Y es a lo que Dios te está llamando hoy, como un reto apocalíptico, como un reto de urgencia, como voz de última llamada:

¡Te ruego que hagas la prueba!

Hasta ahora has probado «la ración de la comida del rey» y tu rostro, tu vida, tu carácter, todos tus caminos están cada día peor.

Prueba «por diez días la ración de Dios», «la ración del otro REY».

Dice el relato que «Pasados pues los diez días al fin de los cuales había dicho el rey que los trajesen, el jefe de los eunucos los trajo delante de Nabucodonosor. Y el rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel… y sus amigos.

En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino».9 Y es que la comida de Dios, la ración del Verdadero, del Dios Fuerte, del Rey de Reyes produce estos resultados asombrosos en nuestras vidas; este reto, esta llamada de los últimos tiempos, es para darte vida si lo aceptas, y vida en abundancia, y sobrepasar en todo a aquellos que se pierden día tras día por andar «tomando la ración de la comida del rey».

El joven salmista David escribió también acerca de ese pan de vida, en los siguientes términos:

«La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma, el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo, los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón, el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos, el temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre, los juicios de Jehová son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal». 10

Y aquí se describe en forma preciosa lo que es «la comida de Dios», la ración que Dios te ofrece para ti, en lugar de la comida del rey. Dios te ofrece la ley de Jehová, el testimonio de Jehová, los mandamientos de Jehová, el precepto de Jehová, el temor de Jehová, los juicios de Jehová,

como tu ración diaria.

Esa comida de Dios te convertirá el alma, te hará sabio como lo hizo con Daniel y sus amigos, te alegrará genuinamente el corazón, te alumbrará los ojos, te hará permanecer para siempre y te justificará por medio de la FE.

Pero se necesita, como Daniel disponer nuestro corazón a no contaminarnos con la porción de la comida del rey, ni con el vino que el rey bebía.

Y para disponer nuestro corazón de esa manera, se requiere ser valiente, ser fuerte, ser inteligente, ser sabio, no entrar por la puerta ancha, sino por la puerta estrecha, aceptando el reto de Dios a vivir una vida diferente, a vivir una vida que a los ojos de los demás no es común, a vivir una vida que agrade a Dios.

El sabio Salomón nos dice en el libro de Los Proverbios de la siguiente forma: «El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la Inteligencia». 11

Sé sabio, sé inteligente, sé valiente y ábrele tu corazón en este día al

conocimiento del Altísimo, al temor del Señor, a la verdadera comida de Dios, y «si comieres de este pan, no tendrás hambre jamás».12 Y ese pan es Jesucristo, el Hijo del Dios viviente«. Acéptale hoy.

Si estás dispuesto a aceptar el reto, ora en silencio estas palabras «Señor, perdona mi vida pasada; perdóname que anduve comiendo la ración del rey, pero hoy quiero aceptarte como mi pan de vida, como mi Salvador, gracias Señor»

  1. Ref. Bíblica: Prov. 20:29.
  2. Ref. Bíblica: Mt 7:13-14
  3. Ref. Bíblica: Jn 14:6

4.    Ref. Bíblica: Salmo 119:9

5.    Ref. Bíblica: Daniel 1:8

6.    Ref. Bíblica: Is 9:6

7.    Ref. Bíblica: Prov 14:12, 16:25

  •  Ref. Bíblica: Dan 1:12-13
  • Ref. Bíblica: Dan 1:19-20
  • Ref. Bíblica: Salmo 19:7-10
  • Ref. Biblica: Prov. 9-10
  • Ref. Bíblica: Jn 6:35

David Guerra Gómez, es ingeniero de profesión, maestro y evangelista dentro de las Asambleas de Dios en Panamá.

Reproducido de la Revista Vino Nuevo vol- 6-nº 5- febrero 1986