
Por Diana Scimone
Las exploraciones más inocentes dentro del ocultismo pueden afectar nuestras vidas.
Durante una reciente sesión de planeamiento, para una revista, el personal editorial decidió escoger un artículo condensado del libro The Most Dangerous Game, escrito por Don Basham y Dick Leggat, acerca de la lucha espiritual y la liberación. Aunque el libro había sido publicado en 1974, y la edición está agotada, vimos que ofrecía una información de incalculable valor para los cristianos de hoy con respecto al tema de la liberación de las ataduras del ocultismo.
La liberación, el proceso de ser soltado de la opresión atormentadora de los demonios, ha sido siempre un tópico sumamente interesante para mí, así que inmediatamente me ofrecí para la tarea. No tenía idea que haría algo más que la condensación del libro, ni que Dios había planeado que yo recibiera cierta medida de liberación que me hacía falta.
El primer capítulo del libro, «La trampa de Satanás y sus señuelos», explica lo inocente e inofensivo de la carnada.
La Biblia advierte contra toda forma de ocultismo (vea Deuteronomio 18:9-14 e Isaías 47:9- 14). La afición al ocultismo puede resultar en el engaño y la confusión (vea 2 Timoteo 3: 13), la ceguera (vea Hechos 13: 6- 12), el destierro del reino de los cielos (vea Gálatas 5:19-21), y la condenación eterna (vea Apocalipsis 21: 8). En muchos casos, el costo que se paga no son sólo ejemplos del juicio y castigo directo de Dios; sino también el resultado inevitable de invadir los dominios de Satanás. Es terreno peligroso.
Exploraciones inocentes
Yo sabía, aún antes de tomar la responsabilidad de escribir este artículo, que Dios considera una abominación que un cristiano se meta en el ocultismo. Pero fue una gran sorpresa descubrir que, aunque inocentes, mis exploraciones en este terreno cuando era una jovencita curiosa, podían afectarme aún hoy, aunque fuese cristiana. Cuando me puse a explorar estas cosas mucho tiempo antes de convertirme, sin saberlo, había invitado a que Satanás ejerciera cierta influencia sobre mí que permanecía hasta el día de hoy. Y como legalista que es, jamás cederá un ápice del territorio ganado sin ofrecer resistencia.
Mientras leía el libro, le pedía a Dios que me mostrara las áreas en mí que necesitaban ser limpiadas con su sangre. Lentamente al principio, pero más ampliamente después, el Espíritu Santo comenzó a recordarme todas las prácticas de ocultismo en las que me había metido inocentemente cuando era una jovencita. Comencé a escribirlas una por una y quedé sorprendida de ver una lista de veintisiete casos, que incluía la Ouija, la lectura de hojas de té, la levitación, las consultas a una bola negra que «respondía» a mis preguntas, el horóscopo y los intentos que hice para leer la mente de otras personas para ver si tenía percepción extrasensorial.
Pasos en la liberación
Ahora estaba leyendo el libro con más interés que el de un espectador. No quería que mi curiosidad inocente de hacía quince o veinte años afectara mi caminar con Cristo. Por lo tanto, cuando llegué al capítulo que trata sobre «Los pasos hacia la liberación», me aseguré de cumplir con las tres condiciones.
Primero, reconocí la naturaleza satánica del ocultismo, admitiendo que mi afición al ocultismo era mala, en contra de la Palabra de Dios y diabólica en su naturaleza; aunque no lo supiera cuando lo hice. Muchas personas razonan y dicen: «Pero era sólo una muchacha!» o «mi horóscopo me ha sido de mucho aliento», o «pero el adivino me dijo la verdad.» Si no reconocemos el engaño y confesamos que caímos en la trampa, mejor es olvidarse de la liberación.
Segundo, expresé un deseo profundo de ser libre. La afición al ocultismo se puede convertir en una adicción, y algunas personas pudieran encontrar difícil dejarlo completamente. Quieren ser buenos cristianos y hacer lo correcto, pero …
Tercero, admití que Jesucristo es el único que me podía liberar. No existe liberación real o permanente aparte de él; él es el Libertador: «Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo» (l Jn. 3 :8). Este paso, al igual que los otros, es vital. Muchas personas buscan ayuda de un médium o «curandero» síquico, pero sólo Jesucristo tiene autoridad sobre Satanás: «Porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres; en que podamos ser salvos» (Hec. 4: 12).
Listos para resistir
Fui obediente al impulso del Espíritu Santo y el Señor inmediatamente abrió la puerta y me dejó libre. Cuando leí sobre echar fuera a los demonios, me encontraba listo para resistir al enemigo.
El libro explica que uno de los engaños de Satanás es hacer creer que sólo los expertos pueden liberar. Es cierto, hay pastores, iglesias y grupos de oración con experiencia en la liberación, y en cuanto sea posible, los que necesitan ayuda pueden contactarlos. Pero, si esta ayuda no está disponible, contrario a lo que el diablo quisiera decir, Dios nos ha dado a cada uno de nosotros la autoridad en su nombre para liberarnos nosotros mismos. El libro sugiere siete cosas que yo seguí fielmente:
l. Un compromiso personal con Jesucristo. La libertad de la opresión demoníaca viene por la autoridad de Jesucristo, pero se aplica de acuerdo a nuestro compromiso personal. Aunque ya había aceptado a Jesús hacía casi cuatro afias, reafirmé mi compromiso en voz alta, reconociendo que era pecadora y merecedora del juicio sin él.
2. Perdón. Las Escrituras dicen bien claro que si queremos ser perdonados tenemos que perdonar. Para ser liberados tenemos que perdonar a los demás. Muchas veces la liberación no viene porque los que la buscan rehúsan la amargura que sienten contra otros. Este resentimiento es una «excusa legal» que Satanás tiene para quedarse. El perdón es una decisión, no un sentimiento. Aunque no me sentía como para perdonar a las personas que me habían herido, hice una decisión y dije sencillamente: «En el nombre de Jesús, te perdono … » diciendo el nombre de las personas que necesitaba perdonar.
3. Renunciación a toda afición al ocultismo. El próximo paso que seguí fue romper, abierta y totalmente, toda asociación con cada forma de ocultismo en la que me había metido. Sólo dije en voz alta: «En el nombre de Jesús renuncio a la adivinación,» repitiendo esto por cada cosa que había identificado antes. Como Manases que limpió a Jerusalén de ídolos (vea 2 Crónicas 33:1- 20), yo también quité los «dioses ajenos» y los «ídolos» de mi casa, que en mi caso correspondían a libros y pinturas, para que fuera un lugar de habitación para el Señor.
4. Identificar al espíritu por nombre. Aunque ya había echado fuera a todos los demonios que conocía, quería estar segura que mi casa quedara totalmente limpia, y di el siguiente paso: Ordené que el demonio se identificara. El libro sugiere que se diga:
«Espíritu que me atormentas, te ordeno en el nombre de Jesús que me digas quién eres.» El nombre de otros dos espíritus vinieron a mi mente inmediatamente. Aunque no me sucedió a mí, el libro dice que a menudo los demonios dicen quienes son a través de los labios de la persona. Satanás pudiera intentar avergonzarnos por medio de diferentes reacciones físicas, pero nosotros tenemos la autoridad.
5. Renunciar al espíritu por nombre. Ya había renunciado a mis participaciones con el ocultismo en todas sus formas. Ahora debía hacerlo con todas las otras cosas que afloraban a la superficie. Firmemente y en voz alta dije: «En el nombre de Jesús, renuncio al espíritu de … » pronunciando su nombre.
6. Ordenar al demonio que salga. Una vez identificado el espíritu y renunciado, tenía que ordenarle que saliera: «Tú, espíritu de. . . te ordeno en el nombre de Jesús que salgas». El libro advierte que el enemigo resistirá, pero que debemos permanecer firmes. Tiene que doblegarse al nombre de Jesús.
7. Expulsión del demonio. El libro sugiere que expulse al demonio exhalando fuertemente. Este paso no tiene que suceder con dramatismo, pero muchas veces habrá gritos, lamentos, o náuseas. No se deje intimidar por las reacciones feas del demonio; mantenga la calma y alégrese de que va para afuera.
Manteniéndose liberado
Después de seguir estos pasos sentí un alivio indescriptible. La alegría que me llenó es algo que Satanás jamás me podrá quitar, aunque sé que lo intentará.
En Mateo capítulo 12, Jesús describe la manera en que un espíritu expulsado regresa a su víctima trayendo refuerzos, y si las condiciones se lo permiten, causará mayores tormentos. Debiéramos pensar seriamente que el diablo no está jugando, sino que su intención es robar, matar y destruir. El libro concluye advirtiendo contra cualquier reincidencia en el ocultismo, y dice que la mejor forma de resistir al diablo es vivir conforme a las Escrituras, manteniendo una actitud agradecida y de adoración hacia Dios, cuidando nuestros pensamientos, cultivando relaciones justas y sujetándonos a una autoridad o cobertura espiritual.
El pasado no me tienta porque he visto el poder omnipotente y la gloria de Dios. Satanás y todos sus agentes tienen que doblegar sus rodillas en el nombre de Jesús. El Señor me ha limpiado. Él es realmente mi Libertador.
Para un examen más detallado sobre el tema, recomendamos leer Líbranos del mal, de Don Basham.
Reproducido de la Revista Vino Nuevo vol. 5-nº 12- abril 1985