Autor Don Basham

La puerta de acceso a la libertad espiritualsilueta-palomajpg

La verdadera liberación empieza adentro…

¡Este es un gran día para el cristiano! El cristianismo ha tenido sus grandes avivamientos, con Lutero, Calvino, Wesley y Moody. Pero el avivamiento de nuestro día no es como los del pasado. Los grandes avivamientos de la historia se caracterizaron por dos cualidades centrales: ocurrieron en un país en particular y giraron en torno a un líder espiritual o grupo de líderes en especial.

El avivamiento de hoy es diferente No se restringe a un solo país o continente, ni se limita a un solo líder espiritual. Muchos de nosotros creemos que es el comienzo del último gran avivamiento, el que ha sido destinado para introducir el retorno de Jesucristo y el fin del siglo; el avivamiento profetizado por Joel y citado por Pedro en el día de Pentecostés:

«Y sucederá en los últimos días, dice Dios, que derramaré de mi espíritu sobre toda la humanidad; y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, y vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños; y aún sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré de mi espíritu en esos días, y profetizarán … (Hechos 2: 17-18).

En el centro de este gran avivamiento está la experiencia que se conoce como el bautismo en el Espíritu Santo.

Si usted está buscando el bautismo en el Espíritu Santo y el poder que promete, el mejor lugar para empezar es el Nuevo Testamento, especialmente el libro de los Hechos, porque allí se describe el ministerio del primer grupo de creyentes llenos del Espíritu. La Iglesia del Nuevo Testamento era una iglesia emocionante y poderosa.

Según las normas modernas pudo ser poco refinada, sin disciplina y a veces escandalosamente irreverente, pero esas no son la cosas que se notan cuando se lee el libro de los Hechos. Lo que absorbe la atención no es la escasez de prestigio sino la demostración de poder. Era una comunidad de creyentes admitidamente imperfectos pero vibrante y dinámicamente vivos. Pudo haber sido despreciada por la sociedad que la rodeaba, pero nadie jamás la acusó de ser aburrida, apagada o muerta.

Si comparamos la iglesia del Nuevo Testamento con la iglesia actual, se nos hace obvio que una de dos cosas debió suceder. O Dios deliberadamente privó a la iglesia del poder de Pentecostés, con todos sus dones y poderes sobrenaturales. (una racionalización que hemos de oír una y otra vez), o la iglesia de alguna manera perdió el contacto con la experiencia vital y continua de Pentecostés.

La segunda proposición es la correcta. El resurgimiento del poder Pentecostal en nuestro día lo prueba.

PENTECOSTES A TRAVES DE LA HISTORIA

Aún el examen más superficial, la historia de la iglesia indica que lo carismas nunca desaparecieron por completo de la iglesia. Aunque sí ignorados consistentemente, los dones siempre han estado presentes. Por ejemplo, en el segundo siglo, un avivamiento en la iglesia, bajo Montano de Ardabu, capturó la atención de muchos cristianos que sentían que el fuego espiritual dentro de la iglesia no ardía lo suficiente. En el apogeo del avivamiento de Montano todos los carismas aparecieron. inclusive las lenguas.

La Enciclopedia Británica dice que la «glosolalia» (el hablar en lenguas) «reaparece en los avivamientos cristianos de cada época: por ejemplo, entre los frailes mendicantes del siglo trece, entre los jansenistas y los antiguos cuáqueros, los conversos de Wesley y Whitefield, los protestantes perseguidos de Cevenas y los irvingitas» (Vol. 27, p. 9-10, Onceava edición).

Los irvingitas del siglo 19 fueron los precursores de los actuales recipientes de los dones del Espíritu.

El movimiento Pentecostal de los Estados Unidos tuvo su comienzo en el año 1900 como resultado de la determinación de un joven ministro metodista llamado Carlos F. Parham en capturar el poder y la vitalidad de la iglesia del Nuevo Testamento.

Después de un estudio extensivo de las Escrituras para encontrar la fuente de ese poder, Parham y sus estudiantes oraron para recibir el bautismo en el Espíritu Santo con el don de lenguas. El primero habló en lenguas en la víspera del nuevo año de 1900. El 3 de Enero, Parham y un número de los otros recibieron el bautismo y hablaron en lenguas.

Con este humilde comienzo, el avivamiento se extendió en 1906 hasta California, donde impulsó el famoso avivamiento en la Calle Azusa de los Ángeles. El avivamiento en Azusa duró por tres años donde miles de personas de todas partes de la América del Norte recibieron la experiencia pentecostal del Espíritu Santo.

En la actualidad, el avivamiento carismático ha traspasado las barreras que tan cuidadosamente habían levantado sus críticos y está encendiendo fuegos en todas las denominaciones importantes. La ascendente marea de publicidad y de literatura acerca del movimiento carismático, señala sencillamente la enorme influencia que tiene en el cristianismo. En todas partes del mundo el pulso de la iglesia se está acelerando con este nuevo pentecostés.

¿QUÉ ES EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO?

El bautismo en el Espíritu Santo es un segundo encuentro con Dios (el primero es la conversión) en el cual el cristiano empieza a recibir el poder sobrenatural del Espíritu Santo en su vida. Jesús prometió a sus discípulos: » … recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y seréis mis testigos … » (Hechos 1 :8).

Esta promesa se cumplió en Pentecostés cuando el Espíritu Santo cayó en los discípulos: «Y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu les daba que hablasen.» (Hechos 2:4).

Esta segunda experiencia del poder de Dios, que llamamos el bautismo en el Espíritu Santo, es dada con el propósito de equipar al cristiano con el poder de Dios para servir. Es el bautismo espiritual de Jesús, en el cual El comienza a ejercer Su posesión soberana, Su control y uso de nosotros de un modo sobrenatural a través del Espíritu Santo.

¿UNA SEGUNDA EXPERIENCIA?

Una objeción común entre los cristianos con respecto al bautismo en el Espíritu Santo proviene de la dificultad de verlo como una experiencia separada que sigue a la conversión o al renacimiento.

«Yo Creí que había recibido el Espíritu Santo cuando me convertí», es la manera en que se articula frecuentemente esta objeción. El Espíritu Santo opera en la conversión. Pablo dice: «Nadie puede decir: ‘Jesús es el Señor’, excepto por el Espíritu Santo» (Corintios 12:3). El Espíritu Santo presenta el creyente a Jesús como Salvador.

No estamos hablando, sin embargo, del Espíritu Santo en su ministerio de presentación sino en su ministerio de poder para el creyente.

Queremos examinar los relatos en el libro de los Hechos, que es el único registro que tenemos de las actividades de los antiguos cristianos que conocieron a Jesús. Allí se habla de los cristianos primitivos que .recibieron el Espíritu Santo y veremos que fue una experiencia segunda y subsecuente a la conversión de ellos.

PENTECOSTÉS

Hechos 2:1-21: Los acontecimientos anteriores al día de Pentecostés revelan claramente que los ciento veinte que estaban en el aposento alto, eran todos creyentes en Jesucristo.

Pero el conocimiento de que Jesús era su Señor y Salvador no era suficiente; por lo menos no lo era en la mente del Señor mismo. Porque El les había dicho que esperasen en Jerusalén hasta que fueran investidos con poder de lo alto. (Lucas 24:49).

Y eso fue exactamente lo que sucedió en el día de Pentecostés – fueron investidos con poder. Pedro, que en su cobardía había negado a Jesús tres veces la noche de Su crucifixión y había llevado a los discípulos a esconderse por miedo de los judíos después de la resurrección, fue transformado de tal manera que se pone en pie y con valor predica su ungido mensaje que lleva a la conversión como a tres mil almas.

EL AVIVAMIENTO DE SAMARIA

Hechos 8:4-17: Felipe, uno de los diáconos de la iglesia primitiva fue a una ciudad de Samaria a predicar el evangelio y estalló un gran avivamiento con milagros que acompañaban la predicación de la palabra de Dios y muchos se volvieron del paganismo a Cristo Jesús; del pecado a la salvación. Se bautizaba a los conversos en el nombre del Señor Jesús convirtiéndolos así en miembros plenos del cuerpo de Cristo. Eran cristianos.

Pero en la mentalidad de los apóstoles había un elemento vital que hacía falta en el avivamiento milagroso. El bautismo en el Espíritu Santo.

«Todavía no había descendido sobre ninguno de ellos (el Espíritu Santo); sólo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces comenzaron a poner las manos sobre ellos, y recibían el Espíritu Santo» (Hechos 8:16-17).

Pedro y Juan vinieron por una razón específica: imponer manos sobre los nuevos conversos para que recibieran el Espíritu Santo. No dudaron de la salvación de estas personas; querían que recibieran poder.

LA CONVERSIÓN DE PABLO

Hechos 9:1-19: Esta es la historia de la conversión de Saulo, de perseguidor de la iglesia a Pablo, un creyente comprometido. Cuando iba camino a Damasco fue derribado por una luz cegadora que venía del cielo. Pablo tuvo una conversión cabal con esta experiencia, pero todavía no estaba equipado para el ministerio. Dios escogió a un discípulo hasta entonces desconocido llamado Ananías para que viniese a orar por Pablo para que su vista fuese restaurada y para que fuese «lleno del Espíritu Santo.» (Hechos 9: 17). Fueron tres días después de su conversión que Ananías oró por él y fue lleno del Espíritu Santo.

LA CASA DE CORNELIO

Hechos 10:1-46: Este pasaje contiene la historia del llamamiento de Pedro para que fuese a predicar a la casa de Cornelio. Pedro predica en una casa llena de gentiles y los que le oyen, son convertidos y bautizados inmediatamente en el Espíritu Santo y hablan en lenguas como evidencia confirmadora. El lapso entre el tiempo que recibieron a Jesús como Salvador y el recibimiento del bautismo en el Espíritu Santo es acortado considerablemente en cosa de semanas o días u horas, a minutos o segundos. Aquí, de una manera un tanto diferente, Dios concedió el don del Espíritu Santo simultáneamente, o casi simultáneamente, con la conversión de ellos. En todo caso, fue antes que Pedro pudiese terminar su sermón que «el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el mensaje (la palabra)» (Hechos 10:44).

LOS DISCIPULOS EN EFESO

Hechos 19:1-18: El relato final del bautismo en el Espíritu Santo en el libro de los Hechos nos dice que Pablo se encuentra con algunos discípulos de Jesús en Éfeso. La Escritura los identifica claramente come «discípulos». Pablo jamás pone en duda la realidad de la experiencia de conversión de ellos, pero les pregunta inmediatamente: «¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando (que también se traduce ‘desde’) creísteis?» La pregunta de Pablo ilustra la verdad que estamos enfatizando aquí; es decir, que la conversión es una experiencia y el bautismo en el Espíritu Santo es otra experiencia separada y subsecuente. Ellos contestaron que ni siquiera habían oído que el Espíritu Santo había sido dado.

Pablo los bautiza en agua en el nombre del Señor Jesús, luego impone sus manos sobre ellos y ora para que reciban el bautismo en el Espíritu Santo. Los doce hombres reciben el Espíritu Santo y comienzan a hablar en lenguas y a profetizar.

Hagamos este último énfasis con respecto a las dos experiencias. Todos necesitamos ver que la conversión y el bautismo en el Espíritu Santo no sólo son dos experiencias distintas sino también que han sido dadas con propósitos diferentes y separados. La conversión es la experiencia de Jesucristo a través de la cual el que no es cristiano se convierte en cristiano; el bautismo en el Espíritu Santo es la experiencia para el cristiano para investirlo de poder: sencillamente.

LA EVIDENCIA-LAS LENGUAS

Así como el punto principal de este avivamiento es el bautismo en el Espíritu Santo, dentro del bautismo lo es un fenómeno denominado «Glosolalia» o hablar en lenguas. Si no fuese por esta manifestación en particular que acompaña al bautismo en el Espíritu Santo, éste seria mucho más fácilmente recibido en los círculos cristianos.

Con base en la experiencia que he tenido en el ministerio de este bautismo, estoy convencido que las dos razones principales por la controversia existente son miedo e ignorancia. El temor viene de la insistencia de muchos años que hablar en lenguas es «fanatismo, emocionalismo o del diablo.» Los oídos de los cristianos han sido bombardeados repetidamente con esta queja y ellos a su vez nunca han examinado cuidadosamente las Escrituras, u oído clara enseñanza bíblica concerniente al bautismo en el Espíritu Santo; el resultado es un prejuicio emocional incrustado profundamente contra lo que Dios está haciendo en la iglesia de hoy.

Mucha gente reclama la razón por la que ocupo tanto tiempo hablando de las lenguas. La respuesta es sencilla: ¡trato de generar un poco de luz donde antes ha habido sólo acaloramiento! La única manera que yo sé de aclarar las críticas y los conceptos erróneos con respecto al hablar en lenguas es proveyendo enseñanza bíblica sobre la materia.

Yo creo que Dios sabia perfectamente lo que estaba haciendo en el día de Pentecostés, que lo hizo correctamente la primera vez y que no ha cambiado de parecer desde entonces. También creo que la intención de Dios es que cada persona que reciba el bautismo en el Espíritu Santo experimente el milagro de hablar en lenguas.

Esta observación nos trae a la siguiente pregunta: «¿ Tiene que hablar en lenguas una persona para recibir el bautismo en el Espíritu Santo?» La respuesta es que no ¡tiene que hacerlo sino que llega a hacerlo! El hablar en lenguas es un privilegio. Es un don precioso de Dios.

Hay otros críticos que dicen que «la Escritura enseña que no todos hablan en lenguas» y citan a Pablo en 1 Corintios 12:30: «¿Acaso todos hablan en lenguas»? También citan 1 Corintios 14:27: «Si alguno habla en lengua extraña, que hablen dos o a lo más tres … »

La enseñanza de Pablo en esos versículos no se refiere a la habilidad de hablar en lenguas que viene cuando se es bautizado en el Espíritu Santo. Pablo está hablando de los dones de ministerio que Dios ha puesto en la iglesia y explica que no todos los cristianos bautizados en el Espíritu Santo tienen el mismo ministerio; también aconseja a los cristianos bautizados en el Espíritu Santo sobre la manera en que las lenguas han de ministrarse e interpretarse en un servicio de adoración pública.

Fíjese que Pablo dice también «Yo quisiera que todos hablarais en lenguas …»: (1 Corintios 14:5). Es obvio que Pablo no es tan absurdo en decir una cosa en un lugar para contradecirlo unos versos más adelante. Fíjese también que ni una vez Pablo critica el hablar en lenguas. Lo que critica es el abuso del don. Los críticos modernos harán bien en concretarse de igual manera.

Aunque contamos con que todos los que reciben el Bautismo en el Espíritu Santo van a hablar en lenguas, admitimos que no todos lo hacen. No es porque no sea la voluntad de Dios sino por temor o ignorancia que apagan el Espíritu.

Un examen de la Escritura indicará que es lo normal. En cuatro de los cinco casos registrados en Hechos donde reciben el Espíritu Santo, los que lo reciben terminan hablando en lenguas. La única excepción está en Hechos 8, en el avivamiento de Samaria, donde las lenguas no se mencionan. Aunque muchos de los eruditos bíblicos piensan que también en esa ocasión las lenguas fueron evidenciadas ya que Simón el mago «vio» algo que lo hizo querer comprar la autoridad de transmitir el Espíritu Santo (Hechos 8:18-19). Muchos de ellos creen que la evidencia que Simón «vio» fueron las lenguas. El patrón bíblico es tan claro ¿podremos esperar menos?

El cargo de «emocionalismo» ha hecho que muchos tengan temor de «perder el control de sí mismos» si hablasen en lenguas, o que Dios los vaya a mover a que hagan algo que los avergüence. Pero el Espíritu Santo no nos fuerza a hacer nada. Usted puede estar. seguro de que cualquier espíritu que lo obligue a hacer o decir cualquier cosa que usted no quiera ese no es el Espíritu Santo. La persona, no el Espíritu Santo, decide cuando y en qué forma hablará en lenguas, si lo hará quietamente o en voz alta. el mismo hecho de que Pablo dé instrucciones estrictas acerca de cómo y cuándo hablar en lenguas en una reunión pública (1 Corintios 14:27-28)» indica claramente que el que habla en lenguas es el que tiene el control puesto que las instrucciones de Pablo no servirían para nada a menos que aquellos a quienes él estaba enseñando tuviesen la habilidad de obedecer sus instrucciones.

¿IDIOMAS VERDADEROS?

Otra objeción que se expresa a menudo con respecto a hablar en lenguas hoy es que no es realmente sobrenatural como lo fue en el día de Pentecostés. El argumento es que en Pentecostés las lenguas eran idiomas que entendieron los que estaban presentes y las oyeron, pero que las lenguas de hoy son sólo incoherencias emocionales y no pueden ser de ningún modo, consideradas como una manifestación divina.

La verdad es que las lenguas de hoy son evidencias milagrosas y que muchas veces los idiomas que se hablan son reconocidos por otras personas presentes.

Hace unos meses, en una reunión de los Hombres de Negocio del Evangelio Completo, al concluir con mi mensaje, hubo dos manifestaciones de lenguas seguidas por sus interpretaciones. Entonces hubo una tercera manifestación que no fue interpretada. Pero después, uno de los oficiales me presentó a un joven atónito que había venido por vez primera. Acababa de regresar de Vietnam donde había servido en Inteligencia en el ejército. Había aprendido el idioma vietnamita y su tarea era interrogar a los prisioneros. Su asombro provenía del hecho que la tercera persona que había hablado en lenguas había elevado una hermosa oración en el idioma vietnamita sin que tuviera ningún conocimiento natural de este o cualquier otro idioma extranjero.

«Bien, yo puedo hablar en lenguas, ¿de qué me sirve?» Hablar u orar en lenguas es una forma de oración en la que el cristiano se entrega al Espíritu Santo y recibe de El un lenguaje sobrenatural para alabar a Dios. El elemento humano y el divino se combinan y expresan la iniciativa de ambos. Dicho de la manera más simple: el hombre es el que habla y el Espíritu quien suministra las palabras. Hechos 2:4 dice: «Y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu les daba que hablasen». Una traducción libre podría decir que » … comenzaron a hablar según el Espíritu les daba las palabras para que hablasen.»

A continuación ofrecemos cinco razones importantes en favor de la manifestación de hablar en lenguas:

(1) De acuerdo a las Escrituras, es la voluntad de Dios que todos hablen en lenguas (1 Corintios 14:5). Pablo dice: «Yo quisiera que todos hablarais en lenguas … »

(2) El hablar en lenguas fortalece y edifica al creyente (1 Corintios 14:4). (3) El que habla en lenguas ora en el Espíritu (1 Corintios 14: 15).

(4) El hablar en lenguas (orar en el Espíritu) es un medio inspirado por Dios para interceder por otros (Romanos 8:26-27).

(5) El hablar en lenguas es el medio bíblico normal para lograr el bautismo en el Espíritu Santo.

¿COMO SE RECIBE EL ESPIRITU SANTO?

La barrera más grande para recibir el bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia de lenguas, es la falta de comprensión del poder milagroso de Dios que se libera en la vida del cristiano. El poder de Dios se libera con un acto de fe de parte del hombre.

Esencialmente, el bautismo en el Espíritu Santo está comprendido en dos partes: primero: en recibir el Espíritu Santo por fe; segundo: en manifestar la presencia del Espíritu por medio de hablar en lenguas. El hablar en lenguas no es el bautismo en el Espíritu Santo, sino que es la expresión verbal o el rebosamiento del mismo. Podemos decirlo de esta manera: Si yo les preguntase si usted es cristiano y si ha recibido su salvación y usted contestase: «Sí, he aceptado a Cristo como mi Salvador.» sus palabras no son su salvación; son la expresión vocal de su salvación. De igual manera el hablar en lenguas no es el bautismo sino más bien la expresión vocal de ese bautismo.

Como todos los otros milagros, el bautismo está compuesto de dos partes: la del hombre y la de Dios. Muchas personas no han comprendido esto y han esperado que Dios lo haga todo. Ellas nunca han hecho su parte; nunca se han lanzado, en fe y por lo tanto, nunca han hablado en lenguas. Han esperado que Dios hiciera lo que El ha estado esperando que hagan ellos.

Una noche, en una pequeña congregación, después de un servicio de avivamiento, se ofreció ministerio para los que estaban buscando el bautismo en el Espíritu Santo. Un amigo mío que estaba presente vio a un pastor venir al frente, arrodillarse en el altar y empezar a orar. Nadie se le acercó para ministrarle personalmente porque ya lo habían hecho antes sin ningún resultado. Todos sus amigos se habían cansado ya de orar por él.

Después de unos minutos todos se asombraron de oírlo hablar una lengua clara y hermosa. Pero, para mayor sorpresa. este ministro se puso en pie y dijo: «No quiero que reciban una impresión equivocada; todavía no tengo el bautismo. No estoy hablando en lenguas; sólo estoy haciendo sonidos extraños. Me cansé de esperar que lo hiciera Dios, así que abrí la boca y me puse a balbucear; pero no es el Espíritu Santo, ¡soy yo!

Entonces le tocó al pastor sorprenderse. Tres estudiantes universitarios de descendencia china habían estado observando lo que estaba sucediendo y uno de ellos le replicó:

«Hermano, durante los tres últimos minutos usted ha estado alabando a Dios en chino perfecto y nosotros hemos entendido cada palabra que usted ha dicho».

El punto es que por falta de comprensión de lo que era su parte en el milagro de hablar en lenguas, este pastor se había privado él mismo, por años, de la experiencia y cuando finalmente sucedió, ¡rehusó aceptarla!

Dios había estado esperando que este hombre abriese su boca y empezara a alabarle para que el Espíritu Santo le diese un nuevo idioma. Esto es exactamente lo que sucedió en Pentecostés. «Y todos fueron llenos del Espíritu Santo. y comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu les daba que hablasen.» (Hechos 2:4). Ellos fueron llenos con el Espíritu Santo y ellos comenzaron a hablar según el Espíritu les daba la habilidad o las palabras para que hablasen.

EL REQUISITO

Hay solamente un requisito previo para recibir el bautismo en el Espíritu Santo. Es necesario que haya aceptado a Jesucristo como su Salvador personal. Si usted nunca lo ha hecho, deténgase y hágalo antes de ir adelante.

La primera cosa que usted hace es relajarse. Está en su poder hacer todo lo que necesita hacer. La misma fe que lo capacitó para recibir a Jesucristo como su Salvador es toda la fe que necesita para recibir el bautismo en el Espíritu Santo y hablar en lenguas. De modo que relájese y tenga confianza; sucederá.

A mí me ayuda pensar en la experiencia en dos partes. El primer paso es recibir el Espíritu Santo adentro; el segundo es manifestar la presencia del Espíritu alabando a Dios en una «lengua nueva o desconocida».

Es importante que se dé cuenta que se recibe el Espíritu Santo por fe y no por los sentidos. Así que mientras algunos experimentan una emoción profunda o poderosa cuando el Espíritu irrumpe de esta manera, otros – y yo me atrevería a decir que la mayoría – no sienten nada.

Así que ese es el primer paso, «inspirar» el Espíritu Santo y tener la fe de que está entrando; es el más fácil de los dos. Pero no se detenga allí; reciba la confirmación bíblica de la presencia del Espíritu Santo en su vida en esta nueva forma hablando en lenguas.

Permítame recordarle de nuevo que los milagros se componen de dos partes: la parte del hombre (que es lo natural) y la parte de Dios (que es lo sobrenatural). La experiencia de Pedro cuando caminó sobre el agua es la misma clase de milagro que ocurre cuando hablamos en lenguas. Están lo que Pedro hizo y lo que Dios hizo.

¿Cuál fue la parte de Pedro en el milagro? Sencillamente, salirse de la barca y caminar – eso es todo. En otras palabras, a Pedro no se le pidió que hiciera nada sobrenatural. No había nada de sobrenatural que Pedro caminara.

Era un acto físico de obediencia a la invitación del Señor de ir a El.

El hablar en lenguas es como eso. Cuando el tiempo viene para que hable en lenguas usted ha de abrir su boca y hablar, igual que Pedro se levantó y salió de la barca y comenzó a caminar, A Pedro le correspondía caminar y a Dios mantenerlo sobre las olas.

.. El milagro de hablar en lenguas no es que usted hable, sino lo que habla. La acción de hablar es un acto físico y natural; como el caminar de Pedro. Pero cuando usted abre su boca para empezar a hablar, el Espíritu Santo le proveerá las palabras y las sílabas con las cuales alabar a Dios.

La única manera en que Pedro pudo descubrir que podía caminar sobre el agua fue saliendo de la barca y empezando a caminar: y la única manera en que usted va a hablar en lenguas es abriendo su boca y empezando a hablar.

¡DEPENDE DE USTED!

Así que decídase ahora mismo que usted va glorificar a Dios únicamente con el sonido de su voz y con las palabras y las sílabas que le provea el Espíritu Santo. No serán palabras en su idioma conocido, sino palabras y sílabas extrañas sin ningún sentido para su mente. Pablo dijo: ‘si yo oro en lengua extraña, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto.» (1 Corintios 14: 14). El hablar en lenguas no se origina en su mente sino en su espíritu. por inspiración del Espíritu Santo.

El bautismo en el Espíritu Santo con el hablar en lenguas no ha sido diseñado para edificar su intelecto. Es una experiencia espiritual diseñada para liberar su espíritu en adoración y para colocarlo en una nueva dimensión en la experiencia cristiana.

Cuando empiece a hablar, no se preocupe de cómo se oye. Puede sonar como chino, ruso, como notas en la escala musical, o como el balbucear de un niño. Como sea que suene ese es asunto del Espíritu Santo. A usted le corresponde hablar.

Si usted está listo para dar este paso de fe, entonces pídale al Señor Jesús ahora mismo que lo bautice con el Espíritu Santo; si usted quiere puede hacer una oración sencilla como esta:

«Querido Señor Jesús, te doy gracias por la promesa del Espíritu Santo para hoy. Te pido ahora mismo, Señor Jesús, bautízame con tu Espíritu Santo y capacítame para alabarle en una lengua que venga de tu Espíritu Santo. Gracias. Señor Jesús, Amén.»

Una vez que haya orado y pedido ser bautizado en el Espíritu Santo, ¡crea que lo ha sido! ¡Respire profundamente hacia adentro y cuando exhale empiece a alabar a Dios con el sonido de su voz y reciba las palabras que el Espíritu Santo le dé!

¡Acaba de abrir la puerta a toda una nueva esfera en su experiencia cristiana!