Pensamiento y perspectiva de nuestros colaboradores

Vino Nuevo ha dependido grandemente de la enseñanza de cinco maestros de la Biblia, a quienes Dios ha usado para traer al Cuerpo de Cristo en todo el mundo, enseñanzas olvidadas o descuidadas, con un enfoque fres­co y pertinente. Nos referimos a los hermanos Don Basham, Ern Baxter, Bob Mumford, Derek Prince y Charles Simpson.

En este número de aniversa­rio, hemos querido recoger, no sólo la enseñanza que conside­ramos de mayor impacto, sino también algunas de sus impre­siones y experiencias personales.

Don Basham relata su comienzo como maestro itinerante y las razones de lo controversial de sus enseñanzas.  

El derramamiento del Espíritu Santo que comenzó en los Es­tados Unidos a principios de 1960, desalojó a un número de pastores de­nominacionales de sus púlpitos y los inició en ministerios itinerantes, viajan­do por todo el país como oradores en conferencias y retiros. Yo fui uno de estos hombres. En 1968, me mudé a la Florida para comenzar este tipo de ministerio y para escribir. Un factor importante en este cambio es mi aso­ciación, en sus inicios, con la revista New Wine, Vino Nuevo, y con los otros maestros que integran su junta editorial.

Los ministerios de hombres que tratan proféticamente con verdades espirituales de cierta significación, casi invariablemente se ven envueltos en la controversia, y así ha sido con noso­tros. Los temas más controversiales han sido, el bautismo y los dones del Espíritu Santo, el orden divino en el hogar, la liberación de demonios, el discipulado, y toda persona necesita un pastor. El discipulado fue el que nos trajo los ataques personales más absurdos. Aunque muchos otros ministros e iglesias discipulaban también, las críticas y el vilipendio cayó sobre los cinco de nosotros.

Si bien nunca hemos titubeado en publicar la verdad que algunos sien­ten controversial, tampoco hemos que­rido hacer ningún énfasis espiritual en particular, castigando las otras verda­des. Más bien, nos hemos esforzado para publicar una enseñanza madura y equilibrada en una variedad muy am­plia de temas pertinentes al reino de Dios y a la madurez de toda la Iglesia, incluyendo la perspectiva y la ense­ñanza de otros maestros y líderes cris­tianos. Sin embargo, periódicamente salen artículos que causan excitación en algunos lectores.

Em Baxter relata qué lo atrajo a asociarse con los otros maestros y sus impresiones sobre el futuro del mundo y de la iglesia en general.

Dos cosas me atrajeron en esta dirección hace once años. Pri­mero, fue el concepto de que todo hombre necesita un pastor, aunque él mismo sea pastor. Durante muchos años había mantenido unida a una iglesia grande a base de predicación fuerte, pero me hacía falta la clase de contacto pastoral personal que veía en la Biblia.

Segundo, aunque siempre tuve buenos amigos en mis cuarenta años de ministerio, nunca tuve a alguien que pudiera darme, en mi posición de ministro, la protección y la seguridad que necesitaba, a un nivel más que profesional y casual.

En cuanto a lo que está sucedien­do cultural y políticamente, es bien sobrio. Nuestra sociedad lleva consigo las semillas de su propia destrucción y probablemente ya esté declinando se­riamente. Sin embargo, si logramos dis­cernir el patrón histórico, veremos que es una forma del juicio providencial. Y cada vez que Dios juzga algo providen­cialmente, se apresta también para redimirlo.

Bien pudiéramos estar en el punto donde el hombre ya haya agotado to­das sus energías y sus opciones como resultado de escuchar a su intelecto, ignorando a su alma. Creo que estamos al borde de alguna confrontación pro­videncial del juicio de Dios o de su ac­tividad redentiva.

También veo un retorno de la ac­tividad básica del Espíritu Santo, con énfasis en los dones, las sanidades, la liberación de demonios, etc. Sin embargo, espero que la iglesia no siga cometiendo el mismo error que he visto por más de cincuenta años, de hacer de estas manifestaciones un fin en sí mismas. Cuando Jesús hizo sus milagros fue para llamar la aten­ción de la gente para que escucharan lo que Dios lo había enviado a pro­clamar. Jesús usó los milagros para declarar el Reino de Dios y nosotros debemos de hacer lo mismo también.

Bob Mumford habla del énfasis en su ministerio y lo que ve en el futuro

Dos temas saltan a la luz: la necesidad de madurez en la Iglesia y el mensaje del reino de Dios.

Siempre me ha interesado «la mane­ra» de implementar las verdades de Dios. Muchos nos dicen «qué» hacer, pero pocos «cómo» hacerlo.

El reino de Dios es el mensaje que Jesús vino anunciando. Un reino es una forma de gobierno y los cristianos necesitarnos escudriñar el Nuevo Testamento desde esta perspectiva de go­bierno. El reino de Dios es su gobierno. Jesús es el rey y como tal promul­ga mandatos para que sean obedecidos.

También anticipo la restauración de los ministerios apostólicos y profét­icos para la Iglesia. Creo con todo mi corazón que dentro de los siguientes cinco años comenzaremos a ver hombres con estos ministerios incues­tionables, cuya estatura y respeto re­basarán los límites denominacionales y de grupo. Su voz profética y apos­tólica será oída por grandes sectores del cuerpo de Cristo.

El reto está en cómo responderá la Iglesia. En los tiempos bíblicos cuando Dios usaba a un profeta para dirigirse a su pueblo, sólo dejaba una alternativa: recibir su mensaje y cam­biar sus caminos o deshacerse del pro­feta. Otro aspecto de este reto será la manera en que estos ministros respon­dan entre sí. Si se honran y respetan, el reconocimiento se filtrará por toda la Iglesia y traerá una comprensión más amplia del gobierno de Dios.

Derek Prince considera su actitud en su enseñanza y lo que ve adelante

Uno de los tópicos más importantes ha sido la guerra espiritual. Otro, la madurez o edificación del carácter cristiano. También la centralidad del hogar y la familia, y los peligros del humanismo secular.

Pienso que en términos generales, por la gracia de Dios hemos mantenido una buena actitud. Hemos buscado presentar la verdad con gracia y sin tratar de defendernos. Hay un dicho en latín que dice: «Grande es la verdad y prevalecerá». Pablo dice en 2 Corintios 13: 8 que «nada podemos contra la verdad». Lo único que me interesa es que continuemos en línea con esa verdad, particularmente la que se necesita ahora para el pueblo de Dios. Es importante que el Espíritu Santo nos ayude a salir con un mensaje oportuno y a tiempo.

Las Escrituras enfatizan consistentemente la necesidad de la oración. También la necesidad de sumergirnos en las Escrituras. Si no dedicamos tiempo a ambas, la fe se disipa. Estamos entrando en un tiempo en el que nuestra mayor necesidad será de fe y no la tendremos si no la edificamos ahora.

Todas las evidencias indican que viene una nueva ola del Espíritu Santo, similar a la que nos impulsó a comenzar la publicación de la revista y debemos estar preparados para las oportunidades y retos que eso nos presentará.

Espero que en vez de concentrarnos en ser demasiado profundos, seamos un instrumento de enseñanza práctica que llene las necesidades de los miles que nacerán de nuevo en el reino de Dios.

Charles Simpson describe su ministerio y sus aspiraciones personales

Es muy difícil describir nuestro papel para la Iglesia en general.

Tal vez lo más acertado sería decir que hemos sido llamados para ser maestros proféticos; para enseñar en nuestras publicaciones y ministerios y para implementar lo que sentimos que Dios está diciendo. Es decir, para practicar lo  que predicamos. Dios nos ha llamado para que seamos pioneros. Este proceso nos ha llevado en una jornada emocionante y precaria a la vez. Ha manifestado nuestras debilidades y la fidelidad de Dios para nosotros. Verdaderamente «la palabra de Dios nos ha probado».

Muchos son los que se nos han acercado en busca de dirección. Y una cosa es ser un pionero y otra un dirigente. Se puede enseñar proféticamente, exhortar a otros, y ser ejemplo de lo que se enseña, pero dirigir a otros en estas áreas, es infinitamente más demandante y peligroso. Alguien ha dicho: «Un paso adelante y eres un líder. Dos pasos adelante y eres un pionero. Tres pasos adelante y eres un mártir» .

Cuando escribimos, no aspiramos a dirigirnos a un solo grupo de iglesias, o sólo a la Iglesia en general. Realmente deseamos que la enseñanza y el consejo de Dios que presentan las Escrituras sean recibidos por todo el mundo. Queremos levantar a nuestro Señor Jesucristo como la cabeza de toda la Iglesia y como el verdadero soberano de toda la creación. También queremos ser parte de la ola poderosa del Espíritu Santo que vemos venir sobre toda la Iglesia.

Queremos continuar caminando hacia la madurez en lo que predicamos y publicamos. Haremos nuestra parte en comunicar la porción de la verdad y el amor que recibamos de Dios. Anhelamos que la victoria de Cristo se refleje en su Iglesia triunfante. Aspiramos a ser buenos administradores de lo que el Espíritu Santo nos ha confiado, y queremos ver la unidad armoniosa del pueblo de Dios. Anhelamos tener una visión del mundo como Dios lo ve para que pueda ser comunicada con toda claridad hasta que todos los reinos de este mundo lleguen a ser el reino de nuestro Dios y su Cristo.

Reproducido de la Revista Vino Nuevo vol. 6-nº-1 -junio 1985