
Por Ern Baxter
«Luego (viene) el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre … »
En mis días de muchacho, formaba parte, como solista, del coro juvenil de mi iglesia. Recuerdo muy bien un himno que el director nos enseñó; particularmente esta línea:
«Deja entrar a Dios en tu mente y comprensión».
Pertenezco a una generación que habla de tener a Dios en el corazón. Pero también tiene que estar en la cabeza, según yo pienso. Mi oración constante es que Dios esté en mi mente y en mi comprensión, para que Dios use mi cabeza como un depósito de su verdad máxima.
Una razón importante por la que creo que debemos ejercitar nuestras mentes, es para que podamos comprender el propósito final de Dios en la historia, estudio que se menciona a menudo como escatología.
La escatología no es, como algunos piensan, una teoría particular referente al desenlace de la historia; es, más bien, el estudio de cada fase del fin del mundo, según está revelado en la vida de Jesucristo. Comienza con la inauguración del reino de Dios en el nacimiento de Jesús y termina con la consumación del reino en su segunda venida.
La palabra escatología viene del griego escatos que se traduce «final». Tradicionalmente definida como «la doctrina de las últimas cosas», la palabra escatología aparece como 50 veces en el Nuevo Testamento. La costumbre común de concebir la escatología como lo tocante a las últimas cosas o días, es pensarlo todo en el futuro; pero este no es el sentido que las Escrituras le dan. La Biblia describe este período como el tiempo total comprendido entre la encarnación de Cristo y su segunda venida. Se refiere a un tiempo definido, largo o limitado. Hebreos, capítulo 1, por ejemplo, dice que Cristo fue revelado y manifestado en «escaton» o «en estos postreros días». (v. 2). Y en 1 Pedro 1 :20 leemos que fue para nuestro beneficio que Jesús fue manifestado en «escaton», «en los postreros tiempos».
La Biblia también nos dice que esta corriente es la que terminará los tiempos; todas las épocas anteriores culminan aquí. Jesús se refiere a ello en el Evangelio de Juan: » … que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero» (Jn. 6:39). El escritor de Hebreos dice «(Dios) en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo» (Heb. 1 :2), y» … ahora, en la consumación de los siglos, se presentó (Jesús) una vez para siempre … para quitar de en medio el pecado» (Heb. 9:26).
Nuestro Señor declara categóricamente que él es el cumplimiento de la esperanza del pueblo de Dios, el «Amén» de todas las promesas de Dios. Él dice en Apocalipsis capítulo 1, «Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin … (v. 8); «Yo soy … el primero y el último … » (V. 11).
El significado de todo
Entonces, ¿cuál es el propósito de Dios en la historia? La respuesta es la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Lo vemos desde el huerto del Edén y en las promesas de Dios a Abraham.
Comenzando con la creación, vemos la victoria de Dios sobre el pecado, porque, tan pronto como cayó el hombre, Dios hizo un pronunciamiento de su intención. Con respecto al engaño de la serpiente, Dios dijo: «Maldita serás» (Gen. 3: 14), y puso una maldición eterna sobre Satanás.
Esta maldición se cumple en el Nuevo Testamento. El futuro de Satanás fue decidido de una vez para siempre en el Calvario, cuando Cristo Jesús destruyó las potestades y principados exhibiéndolos públicamente y triunfando sobre ellos (Colosenses 2: 15).
1 Juan 3: 8 lo verifica cuando dice: «Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo». Esta es una verdad que tiene que ser grabada firmemente en nuestros corazones, mientras batallamos contra los esfuerzos moribundos de Satanás. Satanás fue derrotado, con la victoria de Jesús, y nosotros somos el ejército que lo está empujando hasta el infierno y las puertas del infierno no prevalecerán contra nosotros. Dios nos ha hecho instrumentos suyos para poner en efecto la derrota de Satanás en la historia y para establecer a Jesús como el verdadero Señor de la historia.
Si avanzamos desde este pronunciamiento redentivo de Dios en el huerto del Edén, llegamos a ese período importante de la historia cuando Dios comienza una nueva dimensión de su propósito, en un hombre llamado Abraham, quien más tarde fue llamado el «padre de todos los creyentes». Hablándole a Abram, o Abraham, Dios dice, en Génesis 12: 1-3, que en él serán benditas todas las familias de la tierra. El cumplimiento de esto lo vemos mencionado en Romanos 4: 13:
Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.
La promesa hecha a Abraham y a sus descendientes es que ellos poseerían la tierra y Dios no ha cambiado su intención de que la descendencia de Abraham posea toda la tierra. Jesús confirma esa promesa cuando dice que los mansos heredarán la tierra (vea Mat. 5: 5). Hebreos 11: 10 dice que Abraham «esperaba la ciudad que tiene fundamentos cuyo arquitecto y constructor es Dios»: se refiere a la ciudad que ha venido descendiendo de los cielos en los últimos dos mil años, la nueva Jerusalén. Y no se detendrá hasta que llene toda la tierra, hasta que la tierra se convierta en el escenario del gobierno de Dios y hasta que nuestra oración, «Venga a nosotros tu reino», sea cumplida.
El fundamento de la victoria
Sin embargo, el fundamento de esta victoria histórica no debe buscarse en el futuro; antes, es algo que hunde sus raíces en el pasado, es decir, en la persona y en la obra que Cristo efectuó durante su primera venida.
Muchos cristianos conocen más de su segunda venida que de la primera, pero sin la primera no puede haber segunda. La segunda venida es la consumación de la primera. Debemos predicar la primera y referirnos a la segunda y no viceversa. Si estamos atrapados en el «síndrome de la segunda venida» necesitamos cambiar. En ninguna parte de la Biblia dice que la predicación de la segunda venida es el poder de Dios para la salvación. Dice que el Evangelio es el poder de Dios para la salvación (Rom. 1: 16). Y el Evangelio es la verdad histórica de que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras (1 Cor. 15: 3-4).
Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras (1 Cor 15:3-4).
«Este es el Evangelio por el cual sois salvos», dice Pablo en 1 Corintios 15 :2. Tenemos que dejar que su primera venida, es decir, el hecho de que Dios se encarnó, invada nuestros corazones. Esto es, en sí mismo, una revelación que desafía a la mente; que el Dios que creó el universo y que sostiene todas las cosas con el poder de su palabra, ese mismo Dios, se acomodó en el vientre de una doncella humilde y nació como un ser humano, para convertirse en uno de nosotros. La segunda venida palidece en su majestad sin la realidad de la encarnación. La encarnación es la invasión de Dios en la historia, por medio de Jesucristo.
La persona de Jesús
Durante 33 años, este ser humano y sin embargo divino, caminó sobre el escenario de la historia. Con su vida impecable, su porte y aire majestuosos, la sabiduría de sus palabras, el deleitoso equilibrio de su personalidad, su sujeción y obediencia al Padre, entró en la historia a pasos agigantados, superior a todo ser humano. No vino con ningún proceso de evolución, sino como Dios encarnado. El apóstol Juan dice «y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Jn. 1 :4).
El Dios Todopoderoso, en la persona de Jesús, condescendió para aparecer en forma humana y presentarse delante de los hombres como el ideal divino de la humanidad. Durante todos sus días sobre la tierra, Jesús se sujetó al escrutinio de su Padre. En tres ocasiones, el Padre hizo por Jesús lo que nunca había hecho por ningún otro hombre en la historia, abrió los cielos para decir:
«Este es mi hijo. Me complace lo que veo». El Padre no encontró ninguna falta en su Hijo.
Juan, el primo de Jesús, parado en medio de las aguas del Jordán, lo señaló diciendo: «Mírenlo, todos. Allí va el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Juan 1 :29).
Ahora, esto es lo que tenemos que recordar: si Cristo Jesús, el Logos, el Hijo, la segunda persona de la Trinidad, sólo vino a encarnarse y pasearse entre los hombres en perfección, para regresar al cielo y dejarnos con una visión de lo que el hombre pudiera aspirar a ser, pero que nunca podrá lograr, entonces el hombre hubiera terminado sus días en la desesperación. Pero no sólo vino para revelarnos a Dios, vino, como tan majestuosamente dice el Credo Niceno, «para nosotros los hombres y para nuestra salvación».
Cuando Jesús se transfiguró y habló con Moisés y con Elías, Pedro quedó abrumado con lo que vio. Había visto a Jesús hacer muchos milagros, pero nunca lo había visto de esta manera. Para Pedro, esto lo cumplía todo: Quiso quedarse en aquel momento y hacer monumentos para Jesús, Moisés y Elías. Si Jesús hubiera atendido al deseo de Pedro, se hubiera quedado allí para siempre. Nosotros hubiéramos ido allí para adorarle, hubiéramos muerto y nos hubiéramos ido al infierno. Hubiéramos negado para llevarnos algún souvenir del monte, para después morir e irnos al infierno. Pero Jesús bajó de ese monte
de majestad para subirse a otro de humillación y allí fue clavado en una cruz. Pero, cuando murió por nuestros pecados, se llevó una gran multitud de hijos e hijas a la presencia del Padre y dijo:
«Aquí estoy, Padre y los hijos que tú me diste» (vea Hebreos 2: 13).
.La obra de Cristo
El Cristo transfigurado es majestuoso, pero sólo el Cristo en el Calvario redime. ¿Qué hizo por nosotros? Lea la lista:
- Probó la muerte por todos los hombres: murió por nuestros pecados.
- Derrotó a Satanás: el príncipe de este mundo ha sido juzgado y permanece bajo juicio.
- Juzgó al mundo: el sistema de este mundo que intenta funcionar aparte de Dios, es una ciudad maldita, es una metrópolis sentenciada que espera su fin. Pero hay otra ciudad, que emerge de su ruina, que es eterna en su naturaleza.
- Fue hecho Señor de todo: de la Iglesia, de los países comunistas, de los capitalistas, de los del Tercer Mundo. Él es el Señor de las naciones y nos ha comisionado como representantes suyos a llevarlas bajo su Señorío, como resultado de su primera venida, no de su segunda.
- Creó una raza nueva, una nueva especie. No somos sólo seres humanos reformados, una especie arreglada con parches. Somos una raza completamente nueva. Porque cuando Jesús salió de la tumba de José, esa primera mañana de Pascua, lo hizo como el primogénito de entre los muertos, el comienzo de toda una nueva clase de seres, constituidos de lo humano y de lo divino.
- Estableció un reino victorioso. Pablo dice en l Corintios 15 :25: «Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.»
Estoy diciendo que la primera venida es la importante, la significativa. La primera venida es la que debemos predicar. ¿Qué sabemos de su segunda venida, además de que viene otra vez?
Toda autoridad en la tierra
El reino victorioso de Jesús significa que toda autoridad que se le oponga será subyugada antes de que él regrese. Leemos en 1 Corintios 15 :22-24:
Porque así como en Adán todos mueren también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia.
Cuando Jesús resucitó, dijo a sus discípulos «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra» (Mal. 28:18). Eso quiere decir que Jesús tiene toda potestad en los Estados Unidos; en la Unión Soviética, Jesús tiene toda potestad; en la China, Jesús tiene toda autoridad. Esto significa que no hay un evangelio mejorado que esté por venir. No hay un Jesús mejorado que esté por revelarse. No hay una redención mejorada que esté por descubrirse. Todo está hecho. Todo está terminado. Cuando Jesús clamó en la cruz «Consumado es» lo dijo todo.
Estoy declarando que el evangelio está destinado a ser victorioso en el tiempo, en el espacio y en la historia; y que Jesucristo permanecerá en los cielos hasta que todo lo que dijeron los profetas se haya cumplido. Eso quiere decir que la comunidad redimida está destinada a jugar un papel en la historia y a convertirse en la representación visible de la autoridad de Jesucristo en la tierra, y que todas las naciones caminarán un día bajo la luz de su autoridad.
Continuando con 1 Corintios 15, el versículo 26 dice: «El postrer enemigo que será destruido es la muerte.»
Tenemos que recordar que la defunción del último enemigo, la muerte, ha sido reservada para cierto evento claramente definido por Dios. La muerte será destruida en el acto llamado la Parousía, o segunda venida de Cristo. En ese punto de la historia, cuando todo haya sido sometido a Cristo, el último enemigo será derrotado.
Ya somos redimidos, pero todavía no hemos sido glorificados. Y no los seremos hasta que llegue ese momento, descrito como la última trompeta, el regreso del Señor y la resurrección de los muertos. Hasta entonces no cambiaremos nuestra mortalidad por inmortalidad ni nuestra corrupción por la incorrupción.
El contexto práctico
Para poner todo esto que Dios está haciendo en la tierra, dentro de un contexto más práctico, voy a citar de un libro escrito por C. Peter Wagner, profesor del Seminario Teológico Fuller.
Estamos en la primavera de las misiones cristianas. Las últimas dos décadas del siglo veinte se presentan más prometedoras, para la expansión dinámica de la fe cristiana, alrededor del globo, que ningún otro período de tiempo desde que Jesús cambió el agua en vino … Sí, el hielo del invierno se está derritiendo y la hierba está reverdeciendo. La década de los setenta vio algunos de los avances más significativos que jamás se hayan registrado en la historia de las misiones mundiales … Cada día da la bienvenida a un aumento neto de, por lo menos, 78.000 cristianos sobre este planeta … En muchas partes de la América Latina las iglesias protestantes crecen a un ritmo tres veces mayor que la tasa de habitantes. Anteriormente, en 1900, había sólo 50.000 protestantes en la América Latina. En los años 30 el número superó el millón, 2 millones en los 40, 5 millones en los 50, 10 millones en los 60 y para 1980 el número sobrepasaba los 20 millones. Algunos predicen que para finales de siglo habrá 100 millones de protestantes en la América Latina.
En África Oriental, un grupito de 10 que se separó de la iglesia católica en 1962 ha crecido hasta 150.000 … Hace cien años no había iglesias en Corea. Ahora, en la ciudad de Seúl solamente, hay 6.000 … Incuestionablemente, la mayor sorpresa en el mundo de la cristiandad, en años recientes, fue el descubrir el crecimiento de la iglesia en China. Cuando los misioneros fueron expulsados en 1949 y 50 y cayó la cortina de bambú, las esperanzas no eran muchas. Para entonces había un total de 1 millón de creyentes chinos … Ahora el cálculo más conservador estima que hay entre 30 y 50 millones.1
En las Escrituras vemos el propósito de Dios para la historia y lo vemos manifestado ahora en la tierra. Jesucristo sigue adelante. El Rey de reyes está tomando sus posesiones. Las opciones se han agotado para el mundo, pero la luz eterna está brillando más que nunca. El reino de Dios está en camino. Sí, ven, Señor Jesús.
Ern Baxter fue, por mucho tiempo, un líder en el movimiento carismático de los Estados Unidos. Pastoreó durante veinte años una de las iglesias evangélicas más grandes del Canadá y viajó por todo el mundo proclamando el evangelio.
- On the Crest of the Wave por C. Peter Wagner. 1984, publicado por Regal Books, Ventura, CA. Usado con permiso.
Reproducido de la Revista Vino Nuevo vol. 5-nº 12- abril 1985