
Por Derek Prince
Cómo llegar a un convencimiento personal sin herir a los demás.
El conocimiento es como la dinamita: poderoso y peligroso. Los cristianos siempre le han dado una prioridad alta al conocimiento espiritual, pero han ignorado que este conocimiento puede ser un verdadero problema si no se emplea sabiamente y con una buena actitud. La mayoría de nosotros tenemos gran cuidado en basar nuestras convicciones personales en lo que dice la Biblia. Pero no podemos negar que la razón de muchas de las divisiones en el cuerpo de Cristo se puede trazar directamente a las actitudes y posturas impropias que los cristianos han adoptado con respecto a ciertas verdades bíblicas.
La razón por la que sucede esto, tiene algo que ver con la manera en que alcanzamos estas creencias. El proceso que usan muchos cristianos es semejante a lo que un amigo mío describe como «el sistema Braile de estacionamiento»: «Retrocedes con el auto hasta que oyes un ruido de vidrios quebrados indicándote que has pegado con el auto de atrás. Entonces pones el tuyo en primera hasta que sientes un golpe que te avisa que le diste al auto de enfrente. Después de unos golpes más en ambos extremos, oyes las llantas pegando en la acera indicándote que te has estacionado».
Hay cristianos que doctrinalmente se «estacionan» en una forma semejante. Cuando comienzan a entender una verdad que no habían visto antes, chocan con algún grupo en alguna parte y se «rompen algunos faros». Entonces hacen un ajuste hacia adelante hasta que chocan con un grupo diferente. Varios ajustes más y oyen el caucho contra la acera y dicen: «Esto es lo que creemos».
Hay tres problemas que debemos resolver cuando Dios nos abre el entendimiento a una verdad nueva. Primero, la tendencia de rechazar todo, lo bueno y lo malo, de lo que cree el grupo con que chocamos. Segundo, la actitud de desprecio y de hostilidad hacia ese grupo. Tercero, la aceptación de las creencias de un grupo nuevo, buenas y malas, a veces sin un examen minucioso.
Mi experiencia personal
¿Por qué sé tanto de este «método Braile de estacionamiento»? Porque ha sido mi dura experiencia personal. Nací y fui educado en Inglaterra como miembro de la Iglesia Anglicana, donde nunca encontré a Dios ni la salvación. Después, un contacto inesperado con los Pentecostales me trajo la salvación y el bautismo en el Espíritu Santo.
Mi reacción fue echarle la culpa a la Iglesia Anglicana por no haberme enseñado esto. Rechacé de plano el anglicanismo con todas sus formas litúrgicas de adoración, mientras que abrazaba completamente y con celo desmedido el pentecostalismo. Asumí que los pentecostales eran correctos en todo porque estaban en lo cierto en cuanto a la salvación y el bautismo en el Espíritu Santo. Me convertí en un pentecostal «fanático».
Tiempo después, cuando Dios me introdujo en un ministerio público de liberación, echando fuera a los demonios, mis hermanos pentecostales se volvieron en mi contra, atacándome públicamente Esto me abrió los ojos a errores e inconsistencias que antes no había notado en los pentecostales y empecé a criticarlos. Al mismo tiempo, descubrí verdades y cosas bellas en mi herencia anglicana que no había visto antes debido a mi sobre-reacción.
Dios comenzó a tratar conmigo por mis actitudes y reacciones. Mirando atrás, a la forma en que logré llegar a mi «posición» doctrinal, puedo ver «las defensas que arrugué» en el proceso. Reconozco, también, que he proclamado «la verdad» en tonos más estridentes que persuasivos.
Un camino mejor
Mi experiencia me ha enseñado dos lecciones sencillas y prácticas. Primero, si me acerco a las personas o a las cosas con una actitud negativa y crítica, nunca tendré resultados positivos. Segundo, se necesitan dos para pelear. Las personas podrán oponérseme, pero eso no significa que yo me ponga en contra de ellas. Si yo dejo que la oposición de otros me provoque, entonces mis acciones no son iniciadas por el Espíritu Santo, sino por aquellos que se me oponen.
¿Habrá una mejor manera de recibir verdad, que no sea la reacción continua contra los «errores» de otros cristianos? Hay una respuesta que me satisface en Juan 16:13: «Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda verdad». Entiendo que, si permito que el Espíritu Santo me guíe, podré caminar con mis creencias sin rebotar continuamente contra mis hermanos.
También, si queremos ser guiados por el Espíritu Santo, hay ciertos aspectos de carácter que tenemos que cultivar. Particularmente los siguientes requisitos:
- Humildad y temor de Dios
Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera. ¿Quién es el hombre que teme a Jehová? El le enseñará el camino que ha de escoger. (Salmo 15:9.12)
Dios escoge sus estudiantes de acuerdo a su carácter y no a sus logros académicos.
- Sujeción a la disciplina de Dios.
Este requisito está en el Salmo 94: 12:
Bienaventurado el hombre a quien tú, Jah, corriges, y en tu ley lo instruyes.
En el plan de Dios, la disciplina viene antes que la instrucción. El no se compromete a instruir a nadie que no se sujete a su disciplina.
- Haciendo y enseñando.
Este requisito se basa en el patrón que Jesús nos dejó. En Hechos 1: 1, Lucas describe el ministerio terrenal de Jesús de esta manera: «todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y enseñar«. Jesús enseñó y demostró las verdades que impartió. Una manera de confirmar la validez de lo que Ud. cree es viendo su desarrollo práctico en su vida.
El método del Maestro
Voy a concentrarme en este último punto, «hacer y enseñar» porque es de gran importancia para el buen manejo del conocimiento. Los discípulos siguieron el método del Señor. En Marcos 6: 30 leemos: «Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado«. La enseñanza de ellos estaba combinada con su actuación.
Dios espera que Ud. y yo sigamos el mismo curso. El nos ha llamado no sólo para enseñar, sino también a vivir el mensaje. El conocimiento que no se demuestra prácticamente, no lleva el sello del Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo es la Persona más práctica sobre la tierra.
Uno de los desastres más trágicos de la Iglesia es la separación entre la enseñanza y el hacer. La verdad se ha convertido en un abstracto que se persigue dentro del aula, bien lejos de las necesidades y de los retos de la vida cotidiana. La Iglesia se ha vuelto semejante a un fabricante de automóviles que produce y vende vehículos que nunca han sido sujetos a prueba. La mayoría de los autos se descomponen en los primeros kilómetros y el fabricante tiene tan poco contacto con sus clientes que raras veces se da cuenta de los desperfectos.
En mis estudios de filosofía he aprendido que, si una declaración no se sujeta a una prueba práctica, no se puede establecer su verdad o falsedad. La consecuencia es que las personas pueden continuar debatiendo para siempre sin llegar a una conclusión. Este es el caso de tantas controversias teológicas que han dividido a la Iglesia en su historia. Están fuera del terreno de lo práctico y pueden ser debatidas interminablemente sin que lleguen a resolverse jamás.
Si no cumplimos con el requisito del carácter y la conducta, podemos continuar nuestros estudios en el campo de la religión para siempre. Nos convertimos en estudiantes eternos, de la clase que «siempre está aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad» (2 Ti. 3: 7). Algo podemos dejar por sentado: Dios no será nuestro maestro.
Las precauciones
El problema está en la incapacidad de usar el conocimiento adecuadamente. Repito, el conocimiento es como la dinamita: poderoso y peligroso. El conocimiento solo no es suficiente. Necesitamos de la gracia divina, la sabiduría y la formación de carácter para usarlo correctamente. Sin esto, nos pareceremos a alguien que intente usar dinamita sin tomar las precauciones, nos hacemos daño a nosotros mismos y a otros.
Salomón nos da una ilustración de esto con una analogía muy típica de él en el capítulo 10 de Eclesiastés:
Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable. (v.1).
Aun cuando se tenga la sabiduría para emplear el conocimiento, es necesario tener madurez de carácter. Las fallas en nuestro carácter hacen que el perfume de la sabiduría dé un mal olor y que la gente no sea atraída sino repelida.
La línea fundamental en el peligro del conocimiento es el orgullo. «El conocimiento envanece» (1 Co. 8: 1). El orgullo abre la puerta a otros defectos de carácter. El orgulloso se vuelve contencioso, criticón, intolerante, explosivo, e indispuesto a recibir corrección. También desarrolla actitudes dogmáticas, sectaristas y legalistas. Aunque veamos estas actitudes como problemas individuales aislados, todos tienen una raíz podrida común: el orgullo. Estas actitudes de orgullo son las que se manifiestan en los choques con otros grupos.
Si tenemos actitudes malsanas, cuando nos acerquemos a otros, «las moscas muertas» en el perfume los repelerán.
Las actitudes se manifiestan en frases sencillas. La incorrecta: Lo que Ud. necesita es lo que nosotros tenemos. La correcta: ¿En qué podemos ayudarle? La diferencia entre estas dos actitudes probablemente determinará el éxito o el fracaso que Ud. tenga en relacionarse con otros cristianos, grupos o ministros.
Si verdaderamente queremos llevarnos bien con los cristianos que tienen creencias diferentes a las nuestras, entonces debemos depender del Espíritu Santo para que nos guíe a toda verdad mediante el desarrollo de nuestro carácter como Dios lo quiere. Luego debemos emplear el conocimiento que él nos da en una actitud correcta, libre de orgullo y en dependencia total de su divina gracia y sabiduría.
Derek Prince
Graduado de las Universidades británicas de Eton y King’College, Cambridge. Sirvió como ministro, educador y misionero en Europa, Asia, África, Australia y Norteamérica.
Reproducido de la Revista Vino Nuevo vol. 5-nº 10- diciembre 1984. .