V.N. 6-3

Por Billy Graham
¿Estaremos respondiendo a la Gran comisión, con el mismo celo que los apóstoles?
Es costoso servir a Dios, pero las recompensas son sobrecogedoras en esta vida y en la venidera.
«Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá» (Hch, 17:6).
El título «Magnífica obsesión» es del famoso novelista Lloyd Douglas. Los primeros apóstoles tenían la magnífica obsesión de trastornar al mundo entero con su mensaje.
En los días de Jesús, la gente los acusó de estar «fuera de sí».Festo, el gobernador, dijo al apóstol Pablo, después de oír su testimonio: «Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco» (Hch. 26:24). Pero Pablo tenía una obsesión. Oiga su confesión:
Porque si estamos locos, es para Dios; y si somos cuerdos, es para vosotros; porque el amor de Cristo nos constriñe, … (2 Co. 5:13-14).
Y también decía:
Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres… somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros… reconciliaos con Dios (11, 20).
Piense en la temeridad gloriosa de estos apóstoles.
No es de extrañarse que el mundo dijera que estaban locos. A Pablo no le satisfacía menos que llevar el evangelio a todo el mundo, inclusive a Roma, la capital del mundo.
La pasada de la antorcha
Ciertamente, los apóstoles tenían una magnífica obsesión, cada uno de ellos. ¿Quién podría entender su celo? Llevaron la antorcha de las verdades del evangelio a lo largo y a lo ancho, sin considerar el peligro ni el ataque.
Superaron obstáculos, vencieron dificultades y sufrieron persecución. Y esta era la respuesta al mandato de Cristo, la magnífica obsesión de obedecer el mandamiento de Dios.
Estos hombres y mujeres del pasado nos han pasado una antorcha. Nosotros
también debemos tener su obsesión. Debemos tener la temeridad de creer que Dios hará aún mayores cosas, en lo que queda de esta década. Continuemos con esta
obsesión con tal dedicación y tal fervor como nunca antes hemos experimentado.
Mi oración es que esta magnífica obsesión, el amor de Dios en Cristo, lo constriña a Ud., de tal manera que se ofrezca para servir a su causa, para marchar bajo su
bandera, para rendirse al señorío de Cristo, para usar los dones que tiene a su servicio.
Mi oración es que representemos a Cristo con un fervor tal que ponga en vergüenza al entusiasmo del mundo.
Hay cuatro cosas que quiero que Ud. considere:
Nuestra comisión de ir
Primero, está el mandamiento que se nos hace y viene del Señor Jesucristo, antes de ascender, él dijo:
«Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la
tierra»(Hch. 1:8).
Este mandamiento se repite por lo menos cinco veces, de una forma u otra. Algunos estudiosos dicen que Jesús lo repitió una y otra vez a sus discípulos. Él dijo al endemoniado de Gadara: «Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo» (Mar. 5:19).
También dijo en otra parte: «Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad». «Ve por los caminos y por los vallados». «Ve y predica el reino de Dios»; «Id por todo el mundo». Realmente podríamos decir que Jesús tenía sólo dos palabras en su vocabulario.
Una era ven y la otra ve.
Somos un pueblo bajo autoridad. Vamos porque hemos sido enviados. Si Ud. ha aceptado a Jesucristo como su Salvador y lo ha hecho Señor de su vida, tiene que tomar en serio sus mandamientos. ¿Es Cristo en verdad el Señor de su vida? ¿Ha sujetado Ud. su voluntad a él? Entonces ¿qué va a hacer Ud. con el mandamiento de ir por todo el mundo y proclamar el evangelio? Vamos porque hemos sido enviados.
Un mensaje de esperanza
Segundo, considere el mensaje que proclamamos. Una y otra vez, en la historia de la Iglesia, el mensaje ha sido mitigado, diluido y desafilado: ha perdido su poder. Pero también una y otra vez, la Iglesia ha recuperado su mensaje, continúa extendiendo el evangelio y continúa creciendo.
Los primeros apóstoles no dudaban de su mensaje. «Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en el que podamos ser salvos» (Hch. 4:12).
Dios tiene un gran mensaje que quiere dar al mundo, es un mensaje de esperanza y es éste: «Te amo. Quiero que vuelvas a Mí y tengas comunión conmigo. Quiero que te reconcilies conmigo. Te perdonaré. Te daré vida eterna. Di a mi Hijo para que muriera en la cruz y derramara su sangre por ti. Resucitó de los muertos y va a regresar a la tierra como el Señor de señores y el Rey de reyes». Hay esperanza.
Estas son buenas noticias para un mundo desesperado. ¿Le ha dicho Ud. sí al Señor?
Dondequiera que vayas
Tercero, son las personas que debemos alcanzar. Jesús dijo «Comiencen en Jerusalén… hasta lo último de la tierra». Ellos se sorprendieron cuando oyeron que mencionaba a Jerusalén primero, porque allí fue donde lo crucificaron, pero Jesús amaba a Jerusalén y a la gente de Jerusalén. Su Jerusalén es donde Ud. vive. Cuando Jesús transformó al endemoniado de Gadara, el hombre quería seguir a Jesús, desde
ese momento, dondequiera que fuera. Pero Jesús le dijo: «Vete a casa, a tus amigos y cuéntales las maravillas que el Señor ha hecho contigo».
El mundo del que habla el Señor incluye el mundo sociológico y sicológico, incluye el mundo de la escuela, de los negocios, del gobierno y del trabajo.
Quiero retarlo para que sea un testigo de Cristo dondequiera que vaya: en las tiendas, en las calles, en las universidades, en los aviones, en los buses, frente a su vecino. Es mi oración que muchos de Uds. estén dispuestos a decir: «Iré dondequiera que quieras que vaya y seré lo que quieras que sea: aquí en mi país o en el extranjero, Señor, estoy dispuesto».
Dondequiera que voy, alrededor del mundo, encuentro tal receptividad al evangelio como nunca antes en mis muchos años de evangelismo he encontrado. Los campos están blancos para la siega, pero, les advierto, los tiempos de siega son siempre cortos. Jesús advirtió que la noche viene cuando nadie puede trabajar.
El poder explosivo de Dios
Cuarto, es el poder que Dios nos ha prometido. Hace unos años, apareció una fotografía, en la revista LIFE, de una paja que había traspasado un poste del
alumbrado, durante un tornado.
Yo me pregunté cómo era que una frágil paja pudiese penetrar un poste. La respuesta está en «el poder» tremendo del viento que la impulsó. Cristo ha prometido un poder muchísimo más grande que ese. Él dijo: «Enviaré sobre vosotros al Espíritu Santo»; viento, fuego. Hay veintitrés palabras en hebreo y en griego, en la Biblia, traducidas como «poder»
La palabra que Jesús usa aquí significa “el poder explosivo de Dios”.
Nuestro poder viene del Espíritu Santo, el Espíritu prepara los corazones, el Espíritu nos guía, el Espíritu nos de valor, el Espíritu nos ha dado la Palabra de Dios, el Espíritu nos da sabiduría, sólo el Espíritu puede dar convicción y fe. Por lo tanto, dependemos de él. Nuestra “misión” jamás se cumplirá solamente con organización y métodos. Se realizará por el poder del Espíritu Santo a través de nosotros.
Jesús dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame» (Lc. 9:23). Cristo le pide que renuncie a sus planes, sus metas, sus ambiciones, sus motivaciones. Le pide que Ud. ponga primero Sus planes y Sus metas por encima de toda otra prioridad. Le pide que le entregue sus ambiciones y motivaciones.
Pague el precio
La palabra cristiano es usada únicamente tres veces en el Nuevo Testamento. En Hechos 11:26, Hechos 26:28; y 1 Pedro 4:16. En cada una de estas ocasiones está la idea de sufrimiento y persecución en el contexto respectivo. Es costoso servir a Dios,pero las recompensas son sobrecogedoras, en esta vida y en la venidera.
Al final del siglo pasado, había en la Universidad de Cambridge, un atleta rico y bien educado. Fue, probablemente, el jugador de cricket más grande de su época. Su nombre era C.T.Studd. Su padre era amigo personal de la reina Victoria y era uno de los criadores de caballos de carrera más distinguidos de Inglaterra. D.L. Moody fue a Cambridge, y promovió un gran despertar espiritual que motivó la conversión de C.T. Studd. Renunció al célebre equipo de Cricket de los Once de Cambridge, y formó parte de los Siete de Cambridge, un movimiento misionero que comenzó uno de los avances más grandes en las misiones modernas. Reflexionando en lo que lo había motivado a hacer esto, C.T. Studd dijo: «Si Jesucristo es Dios y murió por mí, no hay sacrificio demasiado grande que yo pueda hacer por él».
Dios lo está llamando a Ud. para que se someta al señorío de Cristo, para que Ud. diga: «Lo entrego todo. Todo a Cristo yo me rindo»
Llamados a la batalla
Ud. tiene el único mensaje que puede transformar al mundo y tiene el poder más grande para entregar ese mensaje. Jesús dijo: «Los campos están listos para la siega». Lo reto para que vaya a los campos de la siega del mundo. Jesús dijo:
Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvara (Mr. 8:35).
Dios no nos está llamando a un campo de juegos o arena de deportes. Él nos está llamando a un campo de batalla y nos ha prometido dar todos sus recursos para esa batalla.
Muchos conocen la historia del famoso órgano de la catedral de Freiburg en Alemania. El organista que lo había tocado por muchos años ya estaba muy viejo.
Un día, un extraño le pidió permiso para tocar. El viejo le respondió: «No. Yo soy el único a quien se permite tocar este órgano». El extraño persistió y finalmente el anciano cedió. El extraño comenzó a tocar la música más hermosa que el viejo
organista jamás hubiera oído. Sus ojos se llenaron de lágrimas y al final le preguntó al extraño: «¿Cómo te llamas?» La respuesta fue: «Mi nombre es Felix Mendelsohn». El anciano contaba la historia una y otra vez siempre terminaba diciendo: «Y pensar que casi no permito que el maestro más grande del mundo tocara en este órgano»
¿Es Ud. un instrumento en las manos de Dios? ¿Le está pidiendo él a Ud. permiso para ejecutar en el teclado de su vida? Ud. podría estar a punto de perder el
llamamiento más grande de parte de Dios. Si Ud. dice sí, le traerá realización, gozo y paz en esta vida y recompensas gloriosas en la vida venidera.
Billy Graham no necesita presentación. Ha estado en el ministerio por más de cuarenta años y ha alcanzado a millones alrededor del
mundo con el mensaje del evangelio de Jesucristo. Es autor de once libros.
Reproducido de la Revista Vino Nuevo vol. 6-nº 3- octubre 1985.