
Por Hugo Zelaya
La edición de este número de Vino Nuevo es muy significativa para nosotros, porque marca diez años de su publicación continua. No es posible calcular el alcance, ni el impacto que la revista haya logrado en este tiempo. Sólo el Señor y cada lector lo saben. Las cartas que hemos recibido nos dan cierta indicación de lo que Vino Nuevo ha significado para la Iglesia del Señor en Latinoamérica.
Tampoco tenemos la intención de enumerar lo que creemos haber hecho, ni queremos dar una impresión de satisfacción carnal, pero valoramos altamente el testimonio de nuestros lectores. Como por ejemplo la carta del hermano de Argentina que dice: » … fui felizmente sorprendido por una de sus revistas que leí por primera vez. Quedé impresionado por la agilidad en que se desarrollan los temas, su alto contenido espiritual y las profundidades que alcanza en los que la leen … «
Y la del hermano de España que dice: «No ceso de dar gracias a Dios por el acierto, la visión y el alimento espiritual de la revista que ustedes dirigen … Cuando llegan los ejemplares de Vino Nuevo van pasando de mano en mano rápidamente, incluso a veces en nuestras reuniones se han comentado algunos artículos.»
Otra carta que nos animó mucho fue la de un hermano de Cuba que dice: «Considero que la obra que ustedes hacen por medio de Vino Nuevo es preciosa, porque su contenido es una fuente de bendición y de enseñanza para todos los que la leen. Pido al Señor que continúe bendiciendo su labor y que supla todo lo que se necesite para seguir adelante. Lamentamos grandemente que no todas las revistas nos llegan … «
Queremos manifestar nuestro agradecimiento a Dios por habernos permitido servir a su Cuerpo en esta región. Agradecemos que, a pesar del incremento en los costos de la producción, el Señor haya suplido los recursos necesarios para que Vino Nuevo haya sido publicado consistentemente, sin ninguna interrupción, durante diez años. Creemos que esta consistencia es un elemento calificador para la revista.
El factor económico ha sido uno de los retos más grandes que hemos enfrentado en este tiempo. Agradecemos la fidelidad de Dios a través ele nuestros hermanos del norte que nos han permitido hacer los envíos prácticamente sin recortes. No queremos pasar por alto el trabajo de los hermanos del Centro para desarrollo cristiano, ni las contribuciones suyas, ni el esfuerzo desinteresado de nuestros representantes en los diversos países. Más recursos significaría un alcance mayor. Sus oraciones en esta dirección son muy apreciadas.
Desde un punto de vista humano, la situación de nuestra América no tiene remedio. La propagación de las guerras y las revoluciones y del terrorismo internacional son sólo consecuencias del pecado y de la desesperación en que ha caído el hombre. La estrategia de Satanás, nuestro verdadero enemigo, es la de dividir para conquistar y por eso mantiene a nuestras naciones hermanas en efervescencia.
La injusticia y la ambición con que los movimientos revolucionarios de ambos extremos pretenden acabar, son parte de la naturaleza degenerada de los hombres sin Dios y ninguna solución humana terminará con eso.
La gente del mundo sabe instintivamente que la solución es un cambio de gobierno. Cuando alguien o algo ofrece cambios, sea por guerra o por sufragio, la frustración los hace aferrarse a una esperanza sin fundamento, como quien se ahoga se agarra de cualquier cosa que le tiren. Pero los gobiernos que se imponen no pueden traer el resultado que anhelan, aunque lo hagan con toda la sinceridad del mundo.
Nosotros también creemos que tiene que haber un cambio de gobierno. Pero primero tiene que venir internamente en las vidas de las personas. Hablamos del gobierno de Dios en el corazón de los hombres. A veces nuestra pequeña parte en la tarea de la Iglesia de llevar el mensaje del evangelio del reino de Dios nos parece tan insignificante, pero por las Escrituras sabemos que Dios siempre cumple su propósito y llevamos las de ganar.
Estamos persuadidos que, igual que el Espíritu de Dios se movió sobre la tierra vacía, desordenada y en tinieblas y de la nada nos dio esta hermosa creación, así se mueve hoy el Espíritu Santo sobre este caos para establecer el reino de Dios con justicia, paz y alegría.
Queremos que Vino Nuevo, como una revista de enseñanza, sea uno de los instrumentos y vehículos que Dios use para llevar Su Palabra ungida a todas las naciones de este continente. Muchas gracias por estar con nosotros.
Hugo Zelaya fue director de la revista Vino Nuevo desde 1975 y, desde 1987, de Conquista Cristiana hasta hoy. Está casado con Alice y tienen cuatro hijos adultos.
Fundador de la Fraternidad de Iglesias y Ministerios del Pacto, que da cobertura a iglesias en Estados Unidos, Costa Rica y Panamá.
Reproducido de la Revista Vino Nuevo vol. 6-nº 1 junio 1985