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Sep 29

La Declaración de Lausana

La siguiente declaración surgió como resultado del Congreso Internacional de Evangelización Mundial celebrado del 16 al 25 de Julio de 1974 en Lausana, Suiza. Es un llamamiento de la Iglesia de Jesucristo a unirse para orar juntos, planear juntos y trabajar juntos en la evangelización del mundo.

Introducción 

Como miembros de la iglesia de Jesucristo provenientes de más de 150 naciones, que hemos participado en el Congreso Internacional Sobre Evangelización Mundial de Lausana, alabamos a Dios por Su gran salvación y nos regocijamos en la comunión que nos ha dado consigo mismo y del uno con el otro. Nos sentimos profundamente conmovidos por lo que Dios está haciendo en nuestro día, impulsados al arrepentimiento por nuestros fracasos y desafiados por la inconclusa tarea de evangelización. Creemos que el Evangelio es la buena nueva de Dios para todo el mundo y estamos decididos a obedecer por Su gracia la comisión de Cristo de proclamarlo a toda la humanidad y a hacer discípulos de todas las naciones. Deseamos, por lo tanto, afirmar nuestra fe y nuestra resolución, y hacer público nuestra declaración.

1. El propósito de Dios

Afirmamos nuestra fe en un sólo Dios eterno, como Creador y Señor del mundo, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que gobierna todas las cosas según el propósito de Su voluntad. Él ha estado llamando del mundo un pueblo para Sí, y enviando a Su pueblo al mundo como siervos y testigos Suyos, para la extensión de Su Reino, la edificación del cuerpo de Cristo y la gloria de Su nombre. Confesamos con vergüenza que a menudo hemos negado nuestro llamamiento y fallado en nuestra misión, conformándonos al mundo o separándonos de El. Sin embargo, nos regocijamos de que, aunque en vasos de barro, el Evangelio sigue siendo un precioso tesoro. A la tarea de dar a conocer ese tesoro por el poder del Espíritu Santo deseamos dedicarnos de nuevo.

(lsaías. 40:28; Mateo 28:19; Efes. 1:11; Hechos 15:14; Juan 17:6;18; Efes. 4: 12; 1Cor. 5: 10; Rom. 12:2; 2 Cor 4:7)

2. La autoridad y el poder de La Biblia

Afirmamos la divina inspiración, fidelidad y autoridad de las Escrituras del Antiguo y el Nuevo Testamento, sin error en todo lo que asevera, y la única forma infalible de fe y conducta. Afirmamos también el poder de la Palabra de Dios para cumplir Su propósito de salvación. El mensaje de la Biblia se dirige a toda la humanidad, puesto que la revelación de Dios en Cristo y en las Escrituras es inalterable. Por medio de ella el Espíritu Santo todavía habla hoy. El ilumina la mente del pueblo de Dios en cada cultura para percibir la verdad nuevamente con sus propios ojos y así muestra a toda la iglesia más de la multiforme sabiduría de Dios.

(2 Tim. 3:16; 2 Pedro 1:21; Juan 10:35; Isa. 55:11; 1Cor. 1:21; Rom. 1:16; Mat. 5:17·18; Judas 3; Efesios 1: 17,18; 3: 10,18)

3. La singularidad y la universalidad de Cristo

Afirmamos que hay un sólo Salvador y un sólo Evangelio, aunque existen diversos acercamientos a la evangelización. Reconocemos que todos los hombres tienen algún conocimiento de Dios por medio de Su revelación general en la naturaleza. Pero negamos que esto salve, puesto que el hombre reprime la verdad con su injusticia. Rechazamos también como un insulto a Cristo y al Evangelio toda clase de sincretismo y diálogo que implique que Cristo habla igualmente por medio de todas las religiones e ideologías. Jesucristo, el Dios-hombre que se entregó a Sí mismo como el único rescate por los pecadores, es el único mediador entre Dios y el hombre. No hay otro nombre en que podamos ser salvos. Todos los hombres perecen a causa del pecado, pero Dios ama a todos los hombres y no desea que ninguno perezca sino que todos se arrepientan. Sin embargo, los que rechazan a Cristo repudian el gozo de la salvación y se condenan a una eterna separación de Dios. Proclamar a Jesús como “El Salvador del mundo” no es afirmar que todos los hombres son salvos automática o finalmente, y menos aún afirmar que todas las religiones ofrecen la salvación en Cristo. Más bien es proclamar el amor de Dios al mundo de los pecadores e invitar a todos los hombres a responder a El como Salvador y Señor en la entrega personal y auténtica del arrepentimiento y la fe. Jesucristo ha sido exaltado sobre todo nombre; esperamos el día cuando toda rodilla se doble ante El y toda lengua lo confiese como Señor.

(Gal. 1 :6-9; Rom. 1: 18-32; I Tim. 2:5,6; Hech. 4:12; Juan 3: 16-19; 11 Pedro 3:9; 2 Tes. 1: 7-9; Juan 4:42; Mat. 11 :28; Efes. 1 :20-21; Filip. 2:9-11).

4. La naturaleza de la evangelización

Evangelizar es difundir la buena nueva de que Jesucristo murió por nuestros pecados y resucitó por los muertos según las Escrituras, y que ahora como el Señor que reina ofrece el perdón de pecados y el don liberador del Espíritu a todos los que se arrepienten y creen. Nuestra presencia cristiana en el mundo es indispensable para la evangelización; también lo es un diálogo cuyo intento sea escuchar con sensibilidad a fin de comprender. Pero la evangelización misma es la proclamación del Cristo histórico y bíblico como Salvador y Señor, con la mira de persuadir a la gente a venir a El personalmente y reconciliarse con Dios. Al hacer la invitación del Evangelio no tenemos la libertad para ocultar o rebajar el costo del discipulado. Jesús todavía llama a todos los que querrían seguirlo a negarse a sí mismos, tomar su cruz e identificarse con su nueva comunidad. Los resultados de la evangelización incluyen la obediencia a Cristo, la incorporación en Su iglesia y el servicio responsable en el mundo.

(1 Cor.15:3-4; Hechos 2:32-39; Juan 20:21; 1 Cor 1 :23; 2 Coro 4:5; 5: 11 ,20; Lucas 14:25-33; Marcos 8:34; Hechos 2:40-47; Marcos 10:43-45).

5. Responsabilidad social cristiana

Afirmamos que Dios es tanto el Creador como el Juez de todos los hombres. Por lo tanto debemos compartir Su preocupación por la justicia y la reconciliación en toda la sociedad humana y por la liberación de los hombres de toda clase de opresión. La humanidad fue hecha a la imagen de Dios, consecuentemente, toda persona, sea cual sea su raza, religión, color, cultura, clase, sexo o edad tiene una dignidad intrínseca a causa de la cual debe ser respetada y servida, no explotada. Expresamos además nuestro arrepentimiento tanto por nuestra negligencia como por haber concebido a veces la evangelización y la preocupación social como cosas que se incluyen mutuamente. Aunque la reconciliación con el hombre no es lo mismo que la reconciliación con Dios ni el compromiso social es lo mismo que la evangelización, ni la liberación política es lo mismo que la salvación, no obstante afirmamos que la evangelización y la acción social y política son parte de nuestro deber cristiano. Una y otra son expresiones necesarias de nuestra doctrina de Dios y del hombre, nuestro amor al prójimo y nuestra obediencia a Jesucristo. El mensaje de la salvación encierra también el mensaje de juicio de toda forma de alineación, opresión y discriminación, y no debemos temer el denunciar el mal y la injusticia dondequiera que estos existan. Cuando la gente recibe a Cristo, nace de nuevo en su Reino y debe tratar de manifestar a la vez que difundir la justicia del mismo en medio de un mundo injusto. Si la salvación que decimos tener no nos transforma en la totalidad de nuestras responsabilidades personales y sociales, no es la salvación de Dios.

(Hechos 17:26-31; Gen. 18:25; Isa. 1:17; Salmos 45:7; Gen. 1:26-27; Santo 3:9; Lev. 19: 18; Luc. 6:27- 35; Santo 2: 14-26; Juan 3:3-5; Mat. 5:20; 6:33; 11 Coro 3: 18; Santo 2:20)

6. La iglesia y la evangelización

Afirmamos que Cristo envía a los redimidos al mundo como el Padre lo envió a El y que esto exige una similar penetración profunda y costosa en el mundo. Necesitamos salir de nuestros ghettos eclesiásticos y permear la sociedad no cristiana. En la misión de la iglesia, que es misión de servicio sacrificado, la evangelización ocupa el primer lugar. La evangelización mundial requiere que toda la iglesia lleve todo el Evangelio a todo el mundo. La iglesia está en el corazón mismo del propósito cósmico de Dios y es el instrumento que El ha diseñado para la difusión del Evangelio. Pero una iglesia que predica la cruz debe ella misma estar marcada con la cruz. Se convierte en una piedra de tropiezo para la evangelización cuando traiciona al Evangelio o carece de una fe viva en Dios, un genuino amor a los hombres, o una honradez en todas las cosas incluyendo la promoción y las finanzas. La iglesia es la comunidad del pueblo de Dios más bien que una institución, y no debe identificarse con una cultura, sistema social o político, o ideología humana particular.

(Juan 17:18;20:21;Mat. 28:19-20; Hechos 1 :8; 20:27; Efes. 1 :9-10; 3:9-11; Gal. 6:14-17; liCor. 6:3-4; 11 Tim. 2:19-21; Fil. l:27)

7. Cooperación en la evangelización

Afirmamos que la unidad visible de la iglesia en la verdad es el propósito de Dios. La evangelización también nos invita a la unidad, puesto que la unidad fortalece nuestro testimonio, así como nuestra falta de unidad menoscaba nuestro evangelio de reconciliación. Reconocemos, sin embargo, que la unidad organizacional puede tomar muchas formas y no necesariamente sirve a la causa de la evangelización. No obstante los que compartimos la misma fe bíblica debemos estar estrechamente unidos en comunión, trabajo y testimonio. Confesamos que nuestro testimonio ha estado a veces marcado por un individualismo pecaminoso y una duplicación innecesaria. Nos comprometemos a buscar una unidad más profunda en la verdad, la adoración, la santidad y la misión. Urge el desarrollo de una cooperación regional y funcional para el avance de la misión de la iglesia, el planeamiento estratégico, el ánimo muto y el compartir de recursos y experiencias.

(Juan 17:21,23; Efes. 4:3-4; Juan 13:35; Filip. 1:27; Juan 17:11-23)

8. Las iglesias y el compañerismo en la evangelización 

Nos gozamos de que una nueva era misionera haya comenzado. El viejo modelo de dominación occidental está desapareciendo rápidamente. Dios está levantando de las iglesias jóvenes grandes y nuevos recursos para la evangelización mundial, y está demostrando así que la responsabilidad de evangelizar pertenece a todo el cuerpo de Cristo. Todas las iglesias por lo tanto deben preguntar a Dios y preguntarse a sí mismas lo que deben hacer para evangelizar su propia área y enviar misioneros a otras partes del mundo. La revaloración de nuestra responsabilidad y tarea misioneras debe ser continua. Así crecerá el compañerismo entre las iglesias y se manifestará con mayor claridad el carácter universal de iglesia de Cristo. También damos gracias a Dios por todas las agencias que trabajan en la traducción de la Biblia, la educación teológica, los medios masivos de comunicación, la literatura cristiana, la evangelización, las misiones, la renovación de la iglesia y otros campos especializados. Estas deben empeñarse en una autocrítica constante a fin de evaluar su efectividad como parte de la misión de la iglesia,

(Rom. 1 :8; Filip. 1 :5; 4: 15; Hechos 13:1-3; I TesaI.1:6-8)

9. La urgencia de la tarea de evangelización

Más de 2.700 millones de personas, es decir más de las dos terceras partes de la humanidad, no han sido evangelizadas todavía. Nos avergonzamos de que tantas hayan sido descuidadas; esto es un continuo reproche para nosotros y toda la iglesia. Hoy, sin embargo, en muchas partes del mundo hay una receptividad sin precedentes frente al Señor Jesucristo. Estamos convencidos de que es el momento de que las iglesias y las agencias paraeclesiásticas oren fervientemente por la salvación de los inconversos e inicien nuevos esfuerzos para realizar la evangelización del mundo. La reducción del número de misioneros y de fondos procedentes del exterior puede ser a veces necesaria a fin de facilitar en un país no evangelizado el crecimiento de la iglesia nacional en autoconfianza y para desplazar recursos a otras áreas no evangelizadas. Debe haber un libre intercambio de misioneros de todos los continentes a todos los continentes en un espíritu de servicio humilde. La meta debe ser, por todos los medios disponibles y en el más corto plazo posible, que toda persona tenga la oportunidad de escuchar, entender y recibir la buena nueva. No podemos esperar alcanzar esta meta sin sacrificio. Todos nos sentimos sacudidos por la pobreza de millones de personas y perturbados por las injusticias que la causan. Los que vivimos en situaciones de riqueza aceptamos nuestro deber de desarrollar un estilo de vida simple a fin de contribuir más generosamente tanto a la ayuda material como a la evangelización.

(Juan 9:4; Mat. 9:35-38; Rom. 9:1-3; ICor. 9:19-23; Marc. 16:15; Isa. 58:6-7; Santiago 1 :27; 2:1-9; Mat. 25:31-46; Hechos 2:44-45; 4:34-35)

10. Evangelización y cultura

El desarrollo de estrategias para la evangelización mundial requiere imaginación en el uso de métodos. Bajo Dios, el resultado será el surgimiento de iglesias enraizadas en Cristo y estrechamente vinculadas a su cultura. La cultura siempre debe ser probada y juzgada por las Escrituras. Porque el hombre es una criatura de Dios, algunos de los elementos de su cultura son ricos en belleza y bondad. Porque ha caído, toda su cultura está mancillada por el pecado y algunos de sus aspectos son demoníacos. El Evangelio no presupone la superioridad de una cultura sobre otra, sino que evalúa a todas las culturas según sus propios criterios de verdad y justicia e insiste en principios morales absolutos en cada cultura. Las misiones con mucha frecuencia han exportado una cultura extraña junto con el Evangelio y las iglesias han estado a veces esclavizadas a la cultura más bien que a las Escrituras. Los evangelistas de Cristo deben tratar humildemente de vaciarse de todo concepto de su autenticidad personal a fin de ser siervos de los demás, y las iglesias deben tratar de transformar y enriquecer su cultura, todo para la gloria de Dios.

(Marcos 7:8,9,13; Gen. 4:21-22; ICor. 9: 19-23; Filo 2:5-7 II Coro 4:5)

11. Educación y liderazgo

Confesamos que a veces, hemos buscado un crecimiento de la iglesia a costa de la profundidad de la iglesia y hemos divorciado la evangelización del crecimiento cristiano. Reconocemos también que algunas de nuestras misiones han sido muy lentas en cuanto a equipar y animar a los líderes nacionales para que asuman las responsabilidades a que tienen derecho. Sin embargo aceptamos los principios de autonomía y anhelamos que cada iglesia tenga líderes nacionales que manifiesten un estilo cristiano de liderazgo, no en términos de dominio sino de servicio. Reconocemos que hay mucha necesidad de mejorar la educación teológica, especialmente, para los líderes de la iglesia. En cada nación y cultura debe haber un programa efectivo de entrenamiento para pastores y laicos en doctrina, discipulado, evangelización, crecimiento y servicio. Tales programas de entrenamiento no de ben depender de una metodología estereotipada sino que deben desarrollarse según iniciativas locales creadoras en conformidad con las normas bíblicas.

(Col. 1 :27-28; Hechos 14:23; Tito 1:5-9; Marcos 10:42-45; Efes. 4:11-12)

12. Conflicto espiritual

Creemos que estamos empeñados en una constante batalla espiritual contra los principados y potestades del mal, que tratan de destruir a la iglesia y frustrar su tarea de evangelización mundial. Conocemos nuestra necesidad de tomar toda la armadura de Dios y pelear esta batalla con las armas espirituales de la verdad y la oración, ya que percibimos la actividad de nuestro enemigo, no sólo en las falsas ideologías fuera de la iglesia, sino también dentro de ella en los evangelios falsos que tergiversan las Escrituras y colocan al hombre en el lugar de Dios. Necesitamos vigilancia y discernimiento para salvaguardar el Evangelio Bíblico. Reconocemos que nosotros mismos no estamos inmunes a la  mundanalidad en el pensamiento y la acción, es decir, a una contemporización con el secularismo. Por ejemplo, aunque los estudios del crecimiento de la iglesia, tanto numérico como espiritual tienen su lugar cuando se hacen cuidadosamente, a veces los hemos descuidado. Otras veces, en el deseo de asegurar una respuesta al evangelio hemos acomodado nuestro mensaje, hemos manipulado los corazones por medio de técnicas de presión y nos hemos preocupado demasiado con las estadísticas y hasta hemos sido (deshonestos en el uso que hemos hecho de ellas. Todo esto es mundanal. La iglesia debe estar en el mundo, pero no el mundo en la iglesia.

(Efes. 6:12; 11 Coro 4:3,4; Efes. 6:11,13-18 11 Coro 10:3-5; 1 Juan 2:18-26; 4:1-3; Gal. 1:6-9; 11 Coro 2: 17; 4:2; Juan 17: 15)

13. Libertad y persecución

Es un deber señalado por Dios que todo gobierno debe asegurar condiciones de paz, justicia y libertad en las cuales la iglesia pueda obedecer a Dios, servir al Señor Jesucristo, y predicar el Evangelio sin impedimento. Por lo tanto oramos por los líderes nacionales y les hacemos un llamado para que garanticen la libertad de pensamiento y de conciencia y la libertad de practicar y propagar la religión de acuerdo con la voluntad de Dios en los términos establecidos en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Expresamos también nuestra preocupación profunda por quienes sufren prisión injustamente, y especialmente por nuestros hermanos que sufren por el testimonio de Jesús. Prometemos predicar y actuar en pro de su libertad. Al mismo tiempo no nos dejaremos intimidar por lo que les ha sucedido a ellos. Con la ayuda de Dios, también nosotros procuraremos mantenernos firmes contra la injusticia y permanecer fieles al Evangelio cualquiera sea el costo. No olvidamos la advertencia de Jesús de que la persecución es inevitable.

(1 Tim. 1: 1-4; Hechos 4: 19; 5:29; Col. 3:24; Heb. 13:1-3; Lucas 4:18; Gal. 5: 11; 6: 12; Mat. 5: 10-12; Juan 15:18-21)

14. El poder del Espíritu Santo

Creemos en el poder del Espíritu Santo. El Padre envió a Su Espíritu para dar testimonio de Su Hijo; sin el testimonio de El nuestro testimonio es vano. La convicción de pecado, la fe en Cristo, el nuevo nacimiento y el crecimiento cristiano, son todos obra Suya. Más aún, el Espíritu Santo es un Espíritu misionero, y por ello la evangelización debiera brotar espontáneamente de una iglesia que esté llena del Espíritu. La iglesia que no es misionera es en sí misma una contradicción, y apaga el Espíritu. La evangelización mundial será una posibilidad realista sólo cuando el Espíritu renueve a la iglesia en sabiduría, fe, santidad, amor y poder. Por lo tanto hacemos un llamado a todos los cristianos para que oren a fin de que venga una visitación del Espíritu de Dios de modo que todo su fruto se vea en Su pueblo, y que todos sus dones enriquezcan al cuerpo de Cristo. Sólo entonces la iglesia toda llegará a ser instrumento adecuado en Sus manos, para que el mundo entero oiga la voz de Dios.

(1 Coro 2:4;Juan 15:26-27; 16:8-11; 1 Coro 12:3; Juan 3:6-8; 11 Coro 3:18; Juan 7:37-39; 1 Tes. 5:19; Hechos 1 :8; Salmos 85:4-7; 67:1-3; Gal. 5:22,23; 1 Coro 12:4-31; Rom. 12:3-8)

15. La segunda venida de Cristo

Creemos que el Señor Jesucristo regresará en forma personal y visible, en poder y gloria, para consumar Su salvación y Su juicio. Esta promesa de Su venida nos impulsa poderosamente a evangelizar, porque recordamos Sus palabras que es necesario que el Evangelio sea predicado antes a todas las naciones. Creemos que en el período que media entre la ascensión de Cristo y Su segunda venida la misión del pueblo de Dios tendrá que completarse y que no podamos detenernos antes del Fin. También recordamos Su advertencia de que surgirían falsos profetas y falsos Cristos como precursores del Anticristo final. Por lo tanto rechazamos todo sueño autosuficiente y arrogante de que el hombre podrá construir una utopía en la tierra. Nuestra confianza cristiana es que Dios perfeccionará Su Reino, y esperamos con gran expectativa el día en que habrá nuevos cielos y nueva tierra en los cuales morará la justicia y Dios reinará para siempre. Entre tanto, nos dedicamos de nuevo al servicio de Cristo y de los hombres sometiéndonos gozosos a Su autoridad sobre la totalidad de nuestras vidas.

(Marc. 14:62; Heb. 9:28; Marc. 13:10; Hechos 1:8-11; Mat. 28:20; Marc. 13:21-23; Juan 2: 18; 4: 1-3; Lucas 12:32; Apo. 21: 1-5; 11 Pedro 3:13; Mat. 28:18)

16. Conclusión

Por tanto, teniendo en cuenta nuestra fe y nuestra resolución, hacemos pacto solemne con Dios, con nosotros mismos y con nuestros hermanos de orar, planear y trabajar juntos para la evangelización de todo el mundo. Hacemos un llamado a cuantos quieren unirse a nosotros. ¡Qué Dios nos ayude por Su gracia y para Su gloria a ser fieles a esta declaración! Amén, ¡Aleluya!

 

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