Favor de Dios en lugares difíciles, parte 1

Querido amigo en Cristo:

Cuando el Señor nos atrae a un pasaje de la Biblia, su intención no es estrictamente para efectos académicos. Su dirección es siempre preparatoria. Este febrero pasado intenté cubrir Mateo 5:1-16 en una carta, pero no lo logré. De hecho, hay libros escritos sobre este pasaje (y habrá otros), pero en su mayoría son exposiciones teológicas o bíblicas. Ese no es mi propósito aquí. Cuando tenía 12 años, memoricé estos versículos, pero no capté su mensaje como preparación para mi peregrinación en esta vida. Desearía haberlo visto como algo práctico y como parte de mi jornada progresiva. Espero poder transmitirlo de esa manera ahora.

Isaías 61:1-3 dice que el Mesías sería ungido “para predicar el evangelio a los abatidos, a los quebrantados de corazón, a poner en libertad a los cautivos y ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza.” Los fariseos memorizaron estos versículos, pero se perdieron el mensaje. Los discípulos anduvieron con Jesús por tres años y medio, vieron sus milagros, oyeron de cerca sus enseñanzas, y llegaron a reconocer que él era el Mesías, pero se perdieron el mensaje; no lograron entenderlo hasta después de la cruz y Pentecostés.

¿Será posible que también nosotros lo hayamos escuchado, creído y cantado y, sin embargo, no hayamos captado el mensaje? ¿Nos estaba diciendo algo que no entendimos? De ser así, ¿qué debe suceder para que lo entendamos? ¿Qué nos está diciendo para este tiempo? ¿De qué manera nos está preparando? ¿Es realmente un problema grave? Echemos otro vistazo.

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3).

La pobreza espiritual no es una bendición, pero la revelación de su significado es una gran bendición porque inicia nuestra jornada con Jesús. No ver nuestras necesidades espirituales es estar ciegos a la realidad, un indicador de orgullo y de falta de enseñanza. Entonces, ser humildes, ver nuestras necesidades y ser guiados a Jesús es una bendición.

Isaías es mi profeta favorito. Cuando estuve en el seminario, tomé un curso intensivo de seis semanas sobre Isaías, y fui sumergido de lleno en el proceso de las revelaciones milagrosas. Isaías dedica 5 capítulos pronunciando juicio sobre Israel. Pero en el capítulo 6, “ve al Señor alto y sublime y su gloria que llenaba el templo. Entonces Isaías dijo: «¡Ay de mí, porque soy muerto!» Confiesa sus pecados y dice: «Porque han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.» La humildad es la primera evidencia de que hemos visto al Rey. La misión de Isaías vino después de esa experiencia y cambió su vida.

Todo lo bueno que fluye de Dios sucede después de humillarnos ante él (ver 2 Crónicas 7:14). El ascenso, el favor, la tenacidad, las misiones, el perdón y una gran cantidad de otras “bienaventuranzas” siguen a la verdadera humildad que procede del encuentro con Dios en su gloria. Ahora Jesús dice, «de ellos es el reino de los cielos.» De la humildad nacemos en el reino. El “pecador” que se humilla está mejor que el «creyente» que no lo hace. ¡El orgullo va en una dirección totalmente contraria! Es mucho más fácil ver los pecados de los demás que los nuestros. Pero no hay escape del Señor cuando el Espíritu Santo se manifiesta con convicción. Eso nos hace como niños y aptos para ser enseñados. Ahí es donde comenzamos nuestra relación con Dios.

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación” (Mateo 5:4). El arrepentimiento sucede cuando damos vuelta y nos alejamos de nuestro pecado con la tristeza que Dios nos da. El duelo y el dolor no suenan como una bendición, pero la aflicción por nuestra condición y la aceptación del don de arrepentimiento, es una bendición que transforma la vida (ver 2 Corintios 7:10). Entonces, el Espíritu Santo de Verdad, «el Consolador», puede guiarnos a toda la verdad (vea Juan 15:26). El arrepentimiento nos hizo cambiar de rumbo, pero venir cara a cara con la Verdad es fundamental. Sin eso, no hay consuelo duradero aunque diezmemos, alabemos a Dios y hagamos cosas buenas.

Jesús puede encargarse de la verdad cuando la confesamos; él ya lo sabe. Además él es la Verdad, y la Verdad es el Camino al Padre. En Lucas 18: 9-14, Jesús cuenta la historia del publicano y el fariseo (le recomiendo que la vuelva a leer detenidamente). El publicano (recaudador de impuestos) confesó que era un pecador y no podía levantar la cabeza siquiera, pero confesó y lloró pidiendo misericordia. Jesús dijo que él se fue justificado. ¡Que bendición! El fariseo se contentó con “no ser un pecador como el publicano» y, claramente, no se fue justificado.

Jesús nunca trató de consolar a quienes no se enfrentaban con la cruda verdad sobre sí mismos. Nos equivocamos cuando consolamos a las personas que no quieren lidiar con su propia condición. La bienaventuranza es para los que se afligen por sus pecados y son consolados por el «Consolador.» No debemos decir «paz, paz» a quienes no han encontrado la paz de Dios en Dios.

De alguna manera, el pecador que ve y se lamenta por sus pecados y está dispuesto a traerlos ante Dios, tiene una ventaja sobre el creyente que no quiere enfrentar la verdad; las direcciones en que se mueven son muy diferentes. He tenido grandes experiencias con pecadores que lloraron por sus pecados y malas experiencias con mi propio orgullo y el orgullo entre los creyentes.

“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad” (Mateo 5:5).

La mansedumbre no es debilidad: es fuerza bajo disciplina. Imagine a un fuerte caballo con un freno en la boca. Eso es mansedumbre. Habiendo enfrentado la verdad, arrepentido con un dolor que viene de Dios, ahora es el momento de aprender a ser manso, a cómo frenar nuestra nueva fuerza y nuestra naturaleza carnal. Ahora debemos aprender a ser sensibles al Espíritu Santo que nos hizo nacer en su Reino. Debemos aprender a frenarnos y a venir bajo el yugo de Jesús. Ese es un proceso que a veces es doloroso. Esa será la clave para que se cumpla la promesa de Dios y recibir nuestra herencia.

«Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra » (ver Números 12: 3).

¡De ninguna manera Moisés era débil! A los 120 años todavía estaba viril y fuerte ¡incluso después de haber guiado a Israel por el desierto durante 40 años! ¡Notable! Al principio de su jornada, la gente murmuró porque no tenían agua y el Señor le dijo a Moisés que golpeara la roca. Más tarde, volvieron a pedir agua a gritos. Esta vez el Señor le dijo: «Habla a la roca,» pero Moisés estaba enojado con la rebelde Israel. En lugar de hablarle a la roca como Dios le había dicho, Moisés la golpeó de nuevo con ira. Por esto no pudo entrar en Canaán; la vio, pero no pudo entrar porque en un momento de enojo, se había quitado las riendas y eso le costó muy caro.

A menudo me pregunto cuántas personas buenas se soltaron de la disciplina una vez y vieron lo que pudo haber sido, pero no se les permitió entrar por quitarse el freno por un momento, o un año. La promesa de Jesús es para los mansos que ellos heredarán la tierra. Debemos llevar su yugo sobre nosotros. Mateo 11:29 dice: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.” Jesús nunca se quitó el yugo.

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mateo 5:6).

Si hemos probado la salvación y el consuelo de Dios, sabemos que él es bueno y que su misericordia es eterna (ver Salmo 34: 8; Salmo 100: 5); querremos más de su naturaleza, de su Espíritu en nosotros. Mencionaré dos maneras específicas para alcanzar su justicia. Su justicia es la relación perfecta que hay dentro de él mismo: Padre, Hijo y Espíritu en santa unicidad. La justicia en nosotros es unidad con él y con los demás. Es estimar a los demás mejor que a nosotros (ver Filipenses 2: 3). Es hacer con los demás lo que quisiéramos que nos hicieran a nosotros (ver Mateo 7:12; Lucas 6:31). Entonces, ¿cómo recibimos la justicia que buscamos? ¡No éramos justos cuando lo conocimos!

Primero, nos imputa la justicia de Cristo. Nos considera justos por nuestra fe en él. Por haber creído a Dios. Abraham fue contado justo por su fe (ver Génesis 15: 6). Es un regalo de Dios (ver Romanos 4: 5; Isaías 61:10; 1 Corintios 1:30). Dios nos ve vestidos con la justicia de Cristo; nuestros pecados están cubiertos por nuestra fe en Jesús.

No obstante, él también inicia su obra en nosotros para convertirnos en lo que él considera que somos. Usa “todas las cosas” para conformarnos a la imagen y carácter de Cristo (ver Romanos 8: 28-30). Así que somos favorecidos, bendecidos por Dios, ya que tenemos hambre de ser como Jesús, y él nos llenará continuamente con su Espíritu y naturaleza mientras andemos en fe a través de “todas las cosas.” Dios usará la jornada para ir cambiando nuestra naturaleza. Él nos “infundirá” su justicia: reemplazará nuestra naturaleza carnal con la de Jesús.

Si dejamos de tener hambre y sed y nos sentimos satisfechos con nuestra condición, iremos menguando y perdiendo la naturaleza del Señor recibida en el proceso de Dios. El favor se agrega cuando buscamos primero el reino de Dios y su justicia (ver Mateo 6:33). En cierto sentido, el pecador con hambre y sincero puede encontrar más favor que el creyente que no tiene hambre. Dios no es un tirano, nos da sólo si queremos lo que él nos está ofreciendo.

Repaso

Hagamos una pausa y repasemos el progreso. Estábamos en la miseria y no queríamos más. Nos volvimos a Jesús y encontramos su favor. ¡Ahora estamos en una jornada que está cambiando nuestra vida y queremos más! ¡Eso es mucho progreso!

¡Tenga presente que todo es un regalo! No se enorgullezca de su humildad. ¡Pero alégrese y sea muy agradecido! Hemos considerado 4 procesos: Darnos cuenta de nuestra pobreza de espíritu; lamentar nuestra condición y arrepentirnos; aprender mansedumbre y tener hambre, querer más; estamos progresando hacia la naturaleza de Jesús. En mi opinión, esos pasos deben permanecer con nosotros durante toda la jornada para continuar en el favor de Dios y seguir creciendo. En otras palabras, si perdemos la humildad, no seremos capaces de ser enseñados, y lo mismo sucede con el entendimiento que hayamos recibido.

Tenemos consuelo cuando vacilamos: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1: 9). En nuestra próxima carta, hablaré sobre la misericordia, la pureza de corazón, el establecimiento de la paz y la persecución. Recuerde, este mensaje fue dado por Jesús cuando la persecución se hacía evidente. Luego, hablaré de «sal” y “luz». Espero que esta carta lo haya animado en el Señor y que continúe leyendo lo que compartamos en los meses venideros.

Carta Pastoral mayo 2021

SOLO EN CRISTO

El martes 11 de mayo de 2021, a las 7:30 pm hora central, tendremos nuestra Conferencia de CSM en línea, “Virtual Gatlinburg.” Nos bendeciría que se uniera a nosotros a través de nuestra página de Charles Simpson Ministries en Facebook o en nuestro canal de CSMPublishing en YouTube. Nuestro tema es muy oportuno, «Solo en Cristo.» Entraremos en un tiempo de adoración con Abundant Life Church en Mt. Juliet, Tennessee.

Nos sentimos muy honrados de tener al pastor Tim Parish de New Life Church en Louisville, Kentucky, a Erin Spinello de Saddleback Covenant Church en Mission Viejo, California, compartiendo la palabra, además de su servidor y el presidente de CSM, Stephen Simpson.

Ayúdenos a comunicarlo a otras personas y dispóngase a estar con nosotros en línea. El próximo año, planeamos reunirnos en Gatlinburg en el magnífico hotel Doubletree Park Vista, para nuestra Conferencia de Liderazgo CSM 2022. ¡Pronto anunciaremos las fechas!

Muchas gracias por apoyarnos con sus oraciones y sus ofrendas. Continúe recordándonos este mes. Su amistad y apoyo han significado mucho para nosotros durante esta desafiante y difícil temporada. Estamos profundamente agradecidos por la provisión de Dios. Si desea obtener recursos del ministerio, visítenos en línea en csmpublishing.org. Además de nuestra página de Facebook y YouTube, puede seguirnos en Twitter @CSMinPublishing. ¡Dios le bendiga!

En él,

Charles Simpson

A menos que se indique lo contrario, las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1960.

Comparta esta historia en su plataforma digital.

Usado con permiso de la casa editora

Acerca del autor:

Charles Simpson

Charles Simpson es un autor, maestro bíblico y pastor de renombre internacional que se ha desempeñado en el ministerio desde 1955. También es editor en jefe de la revista One-to-One y ministra extensamente en los Estados Unidos y las naciones.