Autor Charles Simpson

Antes de que este mensaje fuese dado el domingo en el servicio unido de los dos grupos no denominacionales, Judson Cornwall había hablado y, en uno de los momentos más emotivos de la conferencia, pidió perdón públicamente a los maestros de Christian Growth Ministries por cualquier participación que él pudo haber tenido en la controversia del discipulado; reafirmando su amor y su admiración por cada uno de estos hombres. Uno por uno, Derek, Don, Bob y Charles pasaron adelante para abrazarlo y perdonarlo. Algunos de los comentarios en el mensaje de Charles se refieren a este acontecimiento. 

Hermano Judson, no sabía que nos debías una disculpa. Lo que acabas de hacer es la cosa más maravillosa y bondadosa que jamás se haya hecho. Es precioso cuando alguien viene en privado y dice: «Creo que te he juzgado mal y quiero disculparme.» Pero cuando un hombre se pone en pie públicamente y se humilla en presencia del pueblo de Dios y toma la postura espiritual que el Señor nos ha enseñado, con todo lo que esa clase de acción involucra … y haga esto, sencillamente derrite nuestros corazones. Amamos a este hombre.

Jesús te busca  

La lectura bíblica está en el primer capítulo de 1 Corintios desde el versículo 23 hasta el final:

Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos, y necedad para los gentiles; pero para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios.

Porque la necedad de Dios es más sabia que los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres.

Pues considerad, hermanos, vuestro llamamiento, que no hubo muchos sabios conforme a la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; pero Dios ha escogido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y Dios ha escogido lo débil del mundo para avergonzar a lo que es fuerte, y lo vil y despreciado del mundo ha escogido Dios, lo que no es, para anular a lo que es, para que nadie se jacte delante de Dios.

Mas por obra suya estáis en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación y redención, para que tal como está escrito, El que se jacta que se jacte en el Señor.

El apóstol Pablo nos dice que cuando Dios inicia Su trato con las personas, no las busca porque sean sabias o poderosas. ¿Cuántos de ustedes recuerdan lo que eran cuando llegaron al Señor por primera vez? Algunos de nosotros éramos realmente pobres, si no literalmente, al menos nos dábamos cuenta de nuestra pobreza espiritual.

Lo que veo en esto y en otros pasajes semejantes es que Dios puede usar a cualquiera -porque el poder no está en el hombre sino en el Dios que lo llama. Dios quiere darle sabiduría y poder. Dios puede darle riquezas- Dios dará lo necesario. Lo importante es ver que Dios puede usar a cualquiera.

Gente ordinaria: hechos extraordinarios  

A través de la historia, Dios ha usado a personas ordinarias para hacer cosas extraordinarias. Más tarde deificamos a esas personas corrientes porque vemos lo que Dios hizo de ellas y les atribuimos la obra de Dios cuando en realidad no eran nada hasta que Él las tomó. Por eso decimos: «Yo jamás podré ser como ellos.»

Pero si los hubiésemos conocido como Dios los vio primero, nos podríamos identificar fácilmente con ellos.

Dios nos ayude a ver a las personas que El usa tal y como son. El no necesita de mucho – Dios usa a quien esté disponible, eso es todo.

Santiago 5:17 habla de Elías, uno de mis profetas favoritos. Elías era un hombre con una naturaleza como la nuestra; sin embargo oró fervientemente para que no lloviera y no llovió … por tres años y seis meses. Después oró por lluvia y Dios dio lluvia sobre toda la tierra.

La versión del 60 dice: «Elías era un hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras … » Tenía los mismos problemas; las mismas tentaciones. Tenía la misma naturaleza, pero Dios usó a este hombre ordinario de una manera extraordinaria.

Un día, Elías se presentó delante del rey, sin ser anunciado y dijo: «No habrá lluvia ni rocío hasta que yo diga. Adiós.»

Por tres años y medio hubo una gran sequía hasta que él apareció de nuevo. Cuando esto ocurrió, toda la nación lo estaba buscando … tenía la llave del agua en sus manos. Cuando lo encontraron hizo una oración muy sencilla como de 18 ó 20 palabras y dejó correr el agua. Pero antes hizo descender fuego del cielo para consumir el holocausto que había sido saturado sobre el altar de Dios, de tal manera que todo Israel cayó sobre su rostro y dijo: «¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!» Elías era un hombre semejante a nosotros. La diferencia entre él y cualquiera otro hombre estaba en el Dios Todopoderoso. Él era la diferencia.

No puedo dejar de pensar lo que nosotros hubiésemos hecho con Elías si se hubiese aparecido en nuestros días. Elías viene a la ciudad, busca a los ancianos y les dice: «Tengo palabra para ustedes.»

«¿De dónde eres?» «De Tis.»

«¿De Tis? No conocemos a nadie de Tis. ¿Adónde recibiste tu entrenamiento?»

«Tengo una palabra y es importante que se las dé … » «Bueno, hermano, si entraras a un seminario primero por algunos años …

¿Se da cuenta usted de que si Elías hubiese pasado por el entrenamiento religioso tradicional como preparación para dar esa palabra, que para entonces hubiese sido demasiado tarde? Cuando hubieran terminado con él, probablemente habría salido dudando todo lo que había recibido de Dios en el principio. Las personas ordinarias jamás llegan a hacer cosas extraordinarias, porque pierden la simplicidad de su fe por la duda que se les ministra. No digo que sea malo entrenar y equipar a las personas. Pero su función en Dios depende de la elección que Dios haya hecho y en la disponibilidad de ellos – porque Dios usa a hombres ordinarios para hacer cosas extraordinarias.

Jesús rompió con todas las normas conocidas en Su día. El llamó a hombres ordinarios para cambiar al mundo. Las Escrituras dejan bien establecido que los hombres a quienes Jesús llamó eran del pueblo – de la gente de abajo, no eran de algún grupo que ya había sido escogido y aceptado por su sociedad. Sin embargo vea lo que Dios hizo por medio de ellos.

De la misma manera, Dios ha prometido hacer una obra poderosa en la tierra en nuestro día. ¿Lo cree usted? Si hay algo que haya sacado de esta conferencia, es una nueva fe y una nueva esperanza de que Dios va a hacer algo más grande de lo que yo me imaginaba.

Muchos de nosotros cuando llegamos al Señor, veníamos sin esperanza … «sin Dios y sin esperanza», (Efesios 2:12). Pero cuando venimos al Señor, llegó hasta nosotros una chispa de vida que ha ido creciendo juntamente con nuestra fe y nuestra esperanza.

Venciendo el pesimismo 

Dios ha prometido hacer algo poderoso en la tierra. Debo confesar que no siempre creí así. Hubo un período en mi ministerio cuando la esperanza había disminuido hasta convertirse en una llamita titubeante, en peligro de ser apagada con la menor brisa. El cinismo y el sarcasmo dominaban mi personalidad. Mis chistes eran mordaces y detrás de mi sonrisa estaba el ácido, porque la esperanza se había ido. Durante este período, me incliné a la política y me uní a un grupo llamado «La Sociedad de John Birch». Caí presa de un sentimiento negativo: que, si las cosas no cambiaban, el mundo entero sería comunista para los años 70. Como resultado me convertí en un predicador negativo. Constantemente hablaba de la necesidad de regresar a la fe, pero sin el Espíritu Santo, la fe no tiene ningún sentido. Y con el Espíritu Santo, esa fe es un fuego que arde con vida. Las cosas empeoraban con cada intento de predicar un regreso a la Biblia y de advertirle a la gente que tuvieran cuidado con los liberales, los comunistas y los modernistas. Mis sermones dominicales consistían en dar estadísticas del último crimen y de cuánto peor se habían puesto las cosas desde la semana pasada. Predicaba sobre la apostasía y todas las semanas alguien lo hacía.

Estaba en esa condición de miseria, pesimismo y cinismo, cuando de alguna forma comencé a predicar del libro de los Hechos. Dios comenzó a deshelar mi propio corazón, hasta que un jueves por la mañana, en un grupito de oración, en un pequeño edificio que servía de capilla en Pensacola Florida, ¡Jesús me bautizó con el Espíritu Santo y con fuego! ¡Aleluya, que día de regocijo fue ese! Sucede que ese día me tocó estar con un grupo exuberante y mi bautismo no fue nada callado. No me quejo. Cada cual recibe de la manera en que Dios quiera darlo. Yo recibí ruidosamente, gracias a Dios, riendo llorando y gozándome. Hice todo menos hablar en lenguas porque pensé que los bautistas no necesitaban hablar en lenguas. Pocos días después, no obstante, Dios maravillosamente libertó mi lengua. Pero la primera cosa que hice fue profetizar.

Lo interesante es que profeticé algo que yo no sabía. Lo que oí salir de mi propia boca era que ¡Dios haría algo poderoso en la tierra … que Él estaba derramando Su espíritu y que habría un gran avivamiento! Pues bien, no había campo para eso en mi teología. Mi teología decía que la Iglesia se pondría más y más enferma hasta que en su lucho de muerte, Jesús vendría y la tomaría para darle respiración artificial de boca a boca camino al cielo. Pero de repente, esa teología explotó y comencé a hablar de una Iglesia gloriosa, sin mancha y sin arruga y de una novia hermosa, exuberante y magnífica, esperando a Su Señor. ¡Gloria a Dios, ese es un cuadro mejor!

Mi mente tenía que alcanzar a mi espíritu y a veces eso lleva años. En ocasiones me encontré haciendo el intento de predicar las doctrinas viejas con una unción nueva. ¡Pero qué enredo! Trataba de advertir a la gente que tuvieran cuidado y al mismo tiempo quería gritar «¡Gloria!» Es difícil hacer que estas dos cosas caminen juntas, así que usted puede imaginar cuál tuvo que irse.

Levántate y resplandece  

Descubrí que cuando hablaba de la gloria del Señor, el gozo venía y la gente quería servir al Señor más de que cuando les golpeaba. También me di cuenta que cuando les alimentaba con la Palabra de Dios y levantaba sus esperanzas con la predicación de Escrituras como Isaías 60, donde dice: «Levántate, resplandece, porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti,» las personas querían levantarse.

¡Gloria a Jesús! comencé a predicar eso. Cuando ministraba de la gloria del Señor, vi a mi gente avivarse con sonrisas y un deseo nuevo de estar en la iglesia para adorar al Señor, orar y leer sus Biblias. Algo hermoso y maravilloso estaba sucediendo. Nos estábamos levantando a una visión, todavía no muy clara – pero su verdad estaba amaneciendo; Dios iba a hacer algo asombroso, poderoso y espléndido en la tierra.

Comencé a ver, con la ayuda del Espíritu Santo, Escrituras que jamás había visto antes. ¿Se ha encontrado usted pasajes que ya ha leído, pero que jamás ha visto en realidad? Dios comienza a mostrarle algo y usted dice:

«Dios mío … ¿Quieres decir que harás esto antes que aquello? Yo creí que eso pasaría hasta allá. Quieres decir que esto va a suceder aquí? ¡Alabado sea el Señor!»

La Palabra de Dios nos enseña. Hemos oído la cita de Joel 2: «Y después de esto … (después del ayuno y la oración de que habla Joel) derramaré mi espíritu sobre toda carne». Cuando Pedro lo citó en el día de Pentecostés su cumplimiento se efectuó en cierta forma pero fue sólo un anticipo, pues Joel 2 se sigue cumpliendo todavía. No ha terminado. Tiene su conexión con los días finales.

Hemos citado Santiago 5:7 «Mirad como el labrador espera el precioso fruto de la tierra, siendo paciente en ello, hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía». Se acerca una gran lluvia.

Las Escrituras demuestran que aún los profetas que profetizaban destrucción y grandes problemas siempre terminaban sus profecías con palabras de consuelo. «Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios. Yo haré grandes cosas … » el Señor comienza a levantar sus esperanzas. El Señor los reprende y hasta lleva juicio sobre ellos a veces para purificarlos para lo que ha de venir. Hasta el juicio de Dios es redentor, porque al otro lado del castigo se encuentra una recompensa gloriosa y una obra adicional que Dios quiere hacer. La evidencia nos rodea a todos.

¿Quién podría venir a esta conferencia y negar lo que Dios está haciendo? Es imposible pensar que un movimiento que tiene menos de 15 años pudiera reunir la asamblea ecuménica más grande o convención de cualquier clase aquí en Kansas City. Eso en sí mismo es un testimonio fantástico que Jesús está haciendo cosas mayores y más poderosas en nuestro medio.

Preparación: la evidencia de la fe  

Preparación es la evidencia de los que creen las Escrituras. Es de necios testificar que creen que Dios hará una obra poderosa en la tierra … que el conocimiento del Señor cubrirá la tierra como las aguas cubren el mar … y no hagan preparativos. La preparación es la evidencia de la fe.

El Señor habló a Noé, a quien el Nuevo Testamento llama «un predicador de justicia». Según las Escrituras, él fue el único hombre en su familia que encontró gracia en los ojos de Dios. Vivía en medio de una generación torcida y perversa – muy parecida a la sociedad secular en la que nos encontramos. Pero su corazón estaba dispuesto hacia el Señor. Era un hombre que sabía lo que era un pacto juntamente con su familia. Fue ejemplo para su esposa y para sus hijos. Sus hijos, a su vez, aparentemente, habían sido también ejemplos para sus esposas – y sus familias estaban intactas. Andaban en los caminos de Dios en medio de una sociedad que se desintegraba.

Un día, Dios le dijo a Noé cuando caminaban juntos:

«Noé, sabes lo que voy a hacer?»

«No Señor.»

Dios le dijo: «Voy a destruir el mundo con un diluvio. Pero tú has encontrado gracia ante mis ojos.» Y Noé se lo creyó.

«Así que te voy a decir lo que debes de hacer, Noé.

Quiero que construyas un arca … un barco de 137 metros de largo, 23 metros de ancho y 14 metros de al­ to. Quiero que te pongas a trabajar inmediatamente.»

Note que Noé no regresó a su casa para enseñar sobre el arca. No fundó ningún grupo de oración con el nombre de «El Arca». Tampoco publicó un periódico llamado «El Arca». No es que yo esté en contra de estas cosas; todo lo que estoy diciendo es que lo que Noé tenía que hacer era construir la cosa. Muchos de nosotros nos contentamos con estudiar los planos – asistir a seminarios que hablan al respecto, y leer revistas que enseñan de ello – y cantar cantos que lo mencionan – pero no hemos construido la cosa. Si en realidad creemos que Dios va a hacer lo que Él ha dicho, es necesario que hagamos preparativos.

Eso no es tan fácil. La construcción es sucia, dura y fatigosa. Tenemos que pasar la etapa de los seminarios para entrar en la etapa de la edificación, hueso con hueso, miembro con su miembro; acoyuntándonos, ajustándonos, reconciliándonos los unos con los otros, poniéndonos de acuerdo en el Espíritu Santo. Lleva mucho tiempo edificar. La Escritura dice que pasaron 100 años desde que Noé comenzó a construir el arca hasta que entró en ella.

Pues bien, después de que Noé tuvo su conversación con el Señor, regresó a casa y su esposa lo recibió. «¿Qué es lo que te sucede?» dijo ella. «Comamos primero,» dijo él.

Entonces ella pregunta, «¿Has estado hablando otra vez con Dios?»

«Pues, sí.»

«Bien, y ¿Qué es lo que dijo?» «No te va a gustar.»

«Dímelo de todas maneras,» dijo ella.

«Bien,» dijo él, «¡Dios me dijo que iba a llover!» «¿y qué es lluvia?»

«Bueno, ¿Ves esas nubes en el cielo? Están llenas de agua y cuando el agua caiga de las nubes a la tierra, la llamarán lluvia.»

«Ah, ¿sí?»

«Sí, Y Dios me ha dicho que va a haber mucha agua – que cubrirá toda la tierra. Dice que tenemos que construir un barco.

«Ya veo. ¿y los vecinos también van a construir los suyos?»

«Yo creo que no. ¡Creo que nosotros seremos los únicos!»

«¿Quieres decir que nosotros seremos los únicos con un barco en el patio del frente?»

«Me temo que así será»

«Bueno, ¿Y de qué tamaño será el bote?

«Bien grande. Y lo vamos a hacer de madera de gofer y tenemos que poner a dos de cada especie de animales en el bote con nosotros.»

«¿Nosotros y todos esos animales en un barco?» «¡Así es!»

«¿Y cuánto tiempo vamos a permanecer adentro?» «Más de lo que tú quisieras.»

Así que Noé y sus hijos comenzaron a juntar la madera de gofer para construir el arca. Recuerde que ellos no tenían ninguna de las herramientas modernas para trabajar.

Un día, veinticinco años más tarde, los muchachos estaban conversando mientras cortaban aún la madera de gofer, sin serrucho – solamente con crudas y viejas hachas – y Sem dice a Cam, «¿Crees que va a llover?»

«Creo que sí.»

Treinta años más tarde, «Papá nunca nos mintió antes.»

Jafet, cincuenta años más tarde, «Bueno, por lo menos es un grupo distinto el que nos está criticando ahora. El otro grupo se murió ya.»

Setenta y cinco años más tarde, ya no le llamaban Noé sencillamente, sino «el hombre con el barco en el patio frente a su casa». «Ya lo vas a ver; está a la derecha.»

Pero cien años después, cuando comenzó a llover, el barco estaba listo. Hubiera sido triste si noventa y cinco años más tarde – después de que las cosas hubieran continuado empeorando – Noé le hubiera dicho un día a su esposa: «Sabes, creo que debemos de comenzar a hacer ese barco.» Se necesita tanto tiempo como Dios dice para hacer lo que Él manda. Cuando las cosas son aparentes ya es demasiado tarde. Ahora es cuando hay que comenzar a preparar.

Zacarías fue un hombre que oró sin creer. Zacarías y Elizabeth oraron mucho tiempo para que Dios les diese un hijo. Pasaron muchos años y llegaron casi a los noventa años – demasiado viejos para poder tener hijos. Pero Zacarías era un hombre religioso, del tipo que está habituado a orar sin recibir respuestas. Lo había hecho todo el tiempo. Un día estaba delante del altar de Dios y el ángel del Señor se le apareció… y ¡Qué susto se llevó! – lo que nos enseña que hay mucha diferencia entre el rito y la realidad. Cuando la realidad golpea a una persona ritualista, le da un buen susto. Pero el ángel de Dios le dijo: «Zacarías, tus oraciones han sido oídas. Te voy a dar un hijo.

Zacarías: «No puedes hacer eso. ¿Qué quieres decir con eso de darnos un hijo? Elizabeth y yo estamos demasiado viejos.»

Dios le contestó: «Bueno, de todas maneras, vas a tener un hijo, pero no vas a poder hablar hasta que nazca porque no me creísteis.» Después de ese día, Zacarías se pasó escribiéndolo todo por nueve meses. La Biblia dice que cuando Dios le soltó la lengua, Zacarías alabó y profetizó. Apuesto que así fue.

Simeón era diferente. La Biblia dice que era un hombre justo y piadoso que esperaba la consolación de Israel y el Espíritu Santo estaba sobre él. Cuando María y José pusieron al niño Jesús en sus brazos … de todos los cientos de niños que había tomado … cuando tomó a éste en sus brazos, Simeón dijo: «Señor ya puedes llevarme a casa. He visto Tu salvación.» Había estado esperando. Estaba preparado.

Prestando atención a lo que Dios dice   

No tiene ningún sentido creer si no se hace nada al respecto. La Biblia dice: «Presta mayor atención a las cosas que han sido confiadas … no descuides la salvación (Hebreos 1,3). Pelea una buena batalla. Escucha las profecías que antes se hicieron» (1 Timoteo 1 :18).

Hay distintos tipos de profecías. Algunas profecías son para exhortación, edificación y consolación. Algunas veces Dios le dará una revelación que cambiará su vida. Otras veces, una «profecía» pudiera ser sólo palabras motivadas por la carne. Conviene discernir las profecías y cuando se cree que es Dios quien ha hablado tomar nota de ello. La Biblia nos amonesta a no despreciar las profecías. En muchas ocasiones la profecía ha afectado el curso de mi vida.

Una vez Dios me habló una palabra cuando tres de nosotros, ministros bautistas, Ken Sumrall, Ralph Branham y yo- estábamos juntos. Los tres habíamos sido llenos con el Espíritu Santo y noche tras noche solíamos viajar 90, 100 y hasta 150 Kms. para juntarnos a orar. En esos días, cada uno de nuestros ministerios estaban en un estado de turbulencia – Ken había sido separado de su iglesia, a Ralph le iban a pedir que dejara la suya y yo no estaba muy seguro con respecto a la mía. Todo esto sucedió cuando no había ningún movimiento carismático que nosotros supiéramos. Todo lo que sabíamos era que se nos estaba pidiendo que saliéramos de algo para entrar en una especie de desierto, para confiar en Dios. La noche que Dios me habló, habíamos estado orando hasta muy tarde. Todas las luces de la iglesia estaban apagadas con excepción de las luces del altar y era como media noche … Ken y yo caminábamos juntos de arriba abajo en el pasillo y Ralph estaba de pie frente al altar.

Las profecías de Ralph eran siempre de cosas colosales y estupendas … yo era del tipo cuidadoso y conservador. Dios siempre junta a estos dos tipos de personas para que se haga bien uno al otro. Ralph siempre me metía en dificultades y yo siempre terminaba orando para salir del paso.

Esta vez, Ralph comenzó a profetizar con respecto a Ken Sumrall y a mí: «Así dice el Señor, de la misma manera en que ustedes dos caminan juntos por este pasillo, así irán ahora alrededor del mundo predicando el evangelio.» Yo dije dentro de mí mismo: «Dios, tienes que perdonar a Ralph. Él siempre se emociona. Con costo he salido de este distrito a predicar el evangelio, mucho menos por el mundo.» Pero cinco años más tarde, cuando Ken y yo subíamos juntos al avión en Nueva York y nos sentábamos para ir alrededor del mundo, me vino a la mente y dije: «¿Te acuerdas de la profecía?» Ken dijo: «Me estaba acordando precisamente de eso.»

La Palabra de Dios es fiel. Si Dios lo dice, El hará lo que dijo. Una noche, estábamos 20 o 25 de nosotros reunidos, buscando al Señor en nuestro cuarto de oración, cuando Dios nos habló. Habíamos estado pasando por una persecución verdadera -al menos según nuestro entendimiento de persecución- de otros cristianos. Habíamos pasado por el fuego. En medio de esta situación, mientras esperábamos delante del Señor, Dios nos dio esta palabra: «Cuando no estés segando la mies, no te sientes a esperar. Alista tus herramientas y tus graneros porque cuando venga la mies, será demasiado tarde para hacerlo. Y la mies será tan abundante, que cuando la estés llevando del campo, dejarás caer algo de los manojos y llorarás porque no habrá suficiente de ustedes para recogerla toda. ¡Prepárense! ¡No esperen!»

Éramos sólo un puñado entonces, pero la mayoría de esos hombres oyeron esa palabra. Y hoy, 12 años más tarde, casi todos están aquí sentados en esta sala porque se prepararon. La mayoría de esos hombres son ahora segadores a tiempo completo. Alistaron sus herramientas y ahora conocen el gozo de la mies. Pero ésta no es la mies; ésta es sólo la reunión de los obreros. La verdadera mies ¡está ahí afuera! Preparémonos para recogerla.

Tal vez usted se diga que no tiene experiencia para recoger la mies. Permítame decirle algo del tipo de obrero que estoy describiendo. Lo siguiente podrá parecerle extraño a algunos, pero el llamamiento que veo en Mateo 9:36 no es del típico obrero evangelista – es de pastores.

Antes de Mateo 9:36, Jesús había recorrido todo el país y había hecho grandes milagros, liberaciones, sanidades, tremendos avivamientos. Si yo hubiera dirigido esa campaña, y a1guien me hubiese preguntado sobre los resultados, yo hubiera dicho: «¡Aleluya! Hemos tenido grandes victorias. Dios se está moviendo.» Pero lo que Jesús dijo fue totalmente diferente. Él se sentía agobiado … triste … compasivo … y dijo: «Lo que más me ha impresionado es que no hay nadie que cuide de las multitudes. Son como ovejas que no tienen pastor.»

Entonces les dijo a sus discípulos: «Rogad para que el Señor de la mies, envíe obreros pastores que cuiden de Su mies.»

Disposición   

Nosotros no podemos madurar la mies. Dios hace eso. Nosotros no podemos enviar la lluvia. Dios hace eso. Pero la conservación y el cuidado son nuestra responsabilidad. Usted dirá no tener ninguna experiencia en eso. Pedro, Juan y Andrés tampoco la tenían. Lo que Dios quiere de usted es que esté disponible.

¿Está usted dispuesto para el Señor? No todos tienen el mismo llamamiento. No todos serán pastores o evangelistas o profetas o apóstoles; pero todos nosotros, bajo Dios, necesitamos estar disponibles.

En » Reyes 6 y 7, la Biblia nos habla de un tiempo cuando Samaria, que era la capital de las 10 tribus del Norte, había cardo tan gravemente en pecado, que Dios habrá permitido que los sirios la sitiaran. Un sitio es la forma más horrible de hacer la guerra. Los sitiados se devoraban literalmente. Este es un capítulo demasiado fuerte. Dos mujeres habían estado discutiendo con respecto’ a un arreglo que habían hecho para comerse a sus hijos y buscaron el consejo del rey. La Escritura dice que el rey rasgó sus vestidos y se fue humillado. No porque fuese humilde, sino porque no buscó a Dios – pero había sido humillado y se sentía frustrado. Este rey se enojó contra Dios, que es la manera de reaccionar de los pecadores cuando se meten en problemas y no se arrepienten.

Eliseo, el profeta de Dios, estaba en la ciudad, pero él no se estaba muriendo de hambre. Estaba sentado en su casa con los ancianos. Y dijo a los ancianos: «Este hijo de homicida (hablando del rey) va a tratar de matarme. Ahora mismo su mensajero está a la puerta y su amo está detrás suyo.» Estaba hablando aun cuando alguien tocó la puerta y el hombre entró y después el rey quien dijo: «¿Para qué hemos de orar si es Dios quien nos ha hecho esto?»

Entonces dilo Eliseo: «Así dijo Jehová: mañana el precio de la harina y la cebada volverán a su normalidad y habrá abundancia y todo será estupendo.» El próximo versículo pudo haber leído así: «Y el Señor levantó a un guerrero poderoso en la tierra que salió y destruyó a los sirios.» O lo siguiente: «El maná descendió del cielo y ángeles vinieron con cántaros de agua y el pueblo se sació.» Pero tampoco lo dice. ¿Sabe qué dice el próximo versículo? Dice así: «Había a la entrada de la puerta cuatro hombres leprosos.»

«¡Vamos, Dios! No te vas a molestar con ellos, ¿verdad?

«Sí, y va a ser interesante. Voy a usar a esos cuatro leprosos.»

«¿A hombres leprosos, Señor? Pero ni siquiera están dentro de la ciudad muriendo con el resto de la gente. Ellos están

ahí afuera muriéndose solos».

«Así es», dijo El, «No tienen nada que perder.»

Allí estaban -muriendo- a la entrada de la puerta, en su inmundicia e inanición y fueron sorprendidos por la lógica, con la ayuda del Espíritu Santo.

Uno de ellos dijo: «¡Qué estamos haciendo aquí sentados? Si seguimos aquí nos vamos a podrir. Si vamos con los que están dentro de las murallas, nos vamos a morir de hambre. No tenemos nada que perder. Pasemos al campamento de los sirios a ver qué pasa.» A mí me gusta eso.

La Biblia dice que se levantaron al anochecer para ir al campamento de los sirios. Algo emocionante estaba por pasar, que es lo que sucede el momento que se entra en los propósitos de Dios.

Dios no se molestó con los sirios. Ni siquiera se ensució las manos. Sólo hizo tronar, y los sirios dijeron:

«Es el ejército de los egipcios que viene contra nosotros». Y así huyeron presa del pánico abandonándolo todo: la comida sobre la estufa, sus caballos, sus cabras, sus tiendas, su ropa, todo.

¿Se imagina a esos cuatro leprosos dentro del campamento? «Pero, ¿qué tenemos acá? Si es cabra asada sobre el fuego.» Comieron y comieron y se probaron mucha ropa. «¿Cómo me veo en este?» Montaron en los caballos y corrieron por todo el campamento. Yo no creo que Dios los molestara por un rato. Sólo se reía con ellos. Después de un tiempo, uno de ellos dijo:

«No estamos haciendo bien. Debiéramos de regresar a la casa del rey y contarle todo.»

Disponibles, estaban esos leprosos. Cuando Juan el bautista dijo de Jesús, «He allí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo,» había una multitud, pero fueron sólo dos o tres los que estuvieron disponibles. Los fariseos estaban allí, pero no estaban disponibles. Los escribas estaban allí pero no estaban disponibles. Alguien dice: «¿Por qué es que Dios no usa a los mejo­res… a los sabios?» Generalmente porque no están disponibles.

Cuando Jesús pasó por Galilea buscó a Pedro y le dijo: » ¿Quieres venir en pos de mí?» Pedro dijo: «Estoy dispuesto.» Algo en la manera en que Jesús lo dijo lo cautivó.

Jesús pasó por la mesa del recaudador de impuestos y dijo: «¿Mateo?» Mateo dijo: «Ya sé todo lo que hay que saber sobre el dinero. Estoy disponible.» «¿Tomás?»

«Bueno, dudo que puedas hacer algo conmigo, pero estoy disponible.»

«¿Jacobo y Juan?

«Si hay pelea … estamos disponibles. Siempre quisimos ver el fuego caer sobre alguien.»

Dios usa a hombres disponibles

Jesús creyó al Padre. El Padre le había dicho, «Serás una luz para los gentiles». El creyó al Padre a pesar de la negación de Pedro, de las dudas de Tomás, de la inmadurez de Jacobo y Juan. El creyó que Su Padre cumpliría la promesa.

Pentecostés no fue una sorpresa para Jesús. Pudo haberlo sido para muchas personas, pero no para Jesús. Dios ha prometido y si creemos a Él, a pesar de nosotros mismos y de lo que vemos, veremos el cumplimiento de Su promesa.

Jesús les enseñó a Sus hombres que buscaran a otros hombres como ellos e hicieran con ellos lo que Él había hecho: «Quiero que vayan a pescar hombres – hombres comunes. No tiene importancia el tipo de hombres que sean, primordialmente. Lo importante es lo que ustedes harán por ellos y lo que les enseñarán.»

Jesús era el mejor pescador de hombres que jamás existió. Él podía ver a un hombre bajo de una higuera, tirar el anzuelo y pescarlo. Sabía cómo hacerlo. Sabía la carnada que debía de usar. Un buen pescador sabe cuándo, adonde y cómo pescar y con qué hacerlo.

La buena pesca no es un accidente. Pescar hombres no es un plan masivo para sacar a alguien con suerte, y perder la mayoría. Viene con el discernimiento del Espíritu. No estoy en contra del evangelismo masivo. Pero ahora estoy hablando de cómo pescar a hombres individualmente – personalmente. Un buen pescador no es necesariamente el hombre con el bote más grande y el que tiene el mayor número de asientos sino el que tiene la pesca.

Quiero terminar con esta historia. Douglas Hyde, el líder comunista número uno de Inglaterra de años atrás y editor del London Daily Worker, escribió un libro después de su conversión a Cristo llamado Dedication and Leadership. Él dice en este libro, que la única condición para formar a un líder es su dedicación. Un día, fue retado por un hombre que se le acercó después de una de sus conferencias. El hombre era obeso, introvertido, tímido y tenía una tartamudez terrible. Era el peor candidato posible para cualquier tipo de liderazgo, pero se acercó a Douglas Hyde y le dijo. «Ss-s-señor H-y-y-d-e, hágame en un ll-l-l-líder.» Hyde dice que casi tira su idea por la ventana.

Douglas Hyde tomó a ese hombre bajo su tutela. Dice que vio en él algo y era su dedicación. Hyde le enseñó materialismo dialéctico hasta que se sabía el libro de atrás para adelante. Pronto el hombre cobró confianza porque sabía de lo que estaba hablando. Después Hyde le trajo a un hombre y le dijo que lo pusiera bajo su tutela. Este hombre lo entrenó y él a otro. Después Hyde le enseñó un oficio y tuvo tanto éxito en su trabajo que finalmente se convirtió en el presidente de su sindicato. Douglas Hyde dice que cuando ese hombre murió, se había convertido en el líder obrero más prominente de todo Inglaterra en ese tiempo.

Ese hombre tenía una cualidad. Estaba disponible. Dios va a hacer una obra poderosa en la tierra. Él está buscando obreros y veo a muchos aquí. ¿Está usted disponible? La plaza está vacante. No necesitamos hacer el plan. Dios tiene un plan. Todo lo que necesitamos es rendirnos a la voluntad de Dios y estar disponibles.

Quisiera hacerle 4 preguntas para que usted las conteste:

¿Está dispuesto a que Jesucristo sea su Señor?

¿Está dispuesto a ser controlado por el Espíritu Santo?

¿Está dispuesto para ser entrenado por alguien que ha probado saber pescar?

¿Está dispuesto a comprometerse a caminar fielmente con sus hermanos cristianos?

Si usted está disponible, y ha dicho «sí» a estas cuatro preguntas usted puede contar con que Dios lo usará.

Reproducido de la revista Vino Nuevo Vol 2-Nº7, 1978