Contestadas por: Don Basham, Dick Coleman y Bob Mumford.

  1. ¿Que significa mayordomía? ¿Hasta dónde nos hace Dios responsables de nuestro tiempo, dinero y habilidades?

COLEMAN: Mayordomía significa sencillamente que Dios es el Creador, dueño y dador de todo lo que tenemos y que nosotros somos Sus mayordomos sobre estas posesiones. Esto incluye nuestra vida total.

Un mayordomo es alguien que administra parte o la totalidad de lo que pertenece a otro. E n este caso ese Otro es Dios. Él nos hace responsables de todo lo que somos y tenemos.

La Biblia lo dice con claridad. El Salmo 24:1 dice: «De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan.» El Salmo 50:10 y Hageo 2:8 lo refuerzan también.

Pablo dice: «0 no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en vosotros y a quién tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Pues por precio habéis sido comprados; por lo tanto glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios» (1 Cor 6:19-20). Esto significa que Dios tiene el total de propiedad y nosotros tendremos que rendirle cuentas.

La verdad es que somos mayordomos hasta de las palabras que hablamos. Jesús dice en Mateo 12:36,37: «y yo os digo que de toda palabra vana que hablen los hombres, darán cuenta en el día del juicio. Porque de acuerdo con tus palabras serás justificado, y de acuerdo con tus palabras serás condenado.» Un mayordomo tiene que rendir cuentas de todo.

Sin embargo, la enseñanza de la mayordomía es más fuerte en el uso del dinero que en cualquier otra cosa. ¿Por qué razón? Oigamos a Pablo aconsejando a Timoteo: «Porque la raíz de toda clase de males es el amor al dinero, y algunos al codiciarlo se han extraviado de la fe, y se traspasaron a sí mismos con muchos dolores» (1 Tim. 6: 10). El amor al dinero es una causa por la cual se extravían muchos de la fe. El abuso y el mal uso del dinero lleva consigo consecuencias graves.

Si el amor al dinero es la causa de tantos males, el lado opuesto de la moneda -al amor de Dios- es la causa de grandes bendiciones.

¿Cuál sería el mejor ejemplo de mayordomía: un acto o servicio hecho espontáneamente en amor, o uno que se hace premeditadamente pensando en la mayordomía?

BASHAM: La respuesta no puede ser completamente lo uno o lo otro. Un mayordomo tiene que estar siempre consciente de que él es un administrador, responsable por los bienes de su amo. Sin embargo, esto no excluye las reacciones espontáneas.

El hombre que es sinceramente feliz en su trabajo y ama lo que hace encontrará muchas oportunidades de expresarlo espontáneamente como resultado de su compromiso básico. Así sucede también con el mayordomo cristiano que es fiel. Se gozará en las oportunidades inesperadas de hacer lo que agrada al Señor.

MUMFORD: Aunque entiendo bien la intención de la pregunta, la respuesta no se puede reducir a una decisión que excluya a la otra razón. La respuesta sería ambos. Hay un lazo sutil si sostenemos arbitrariamente una sola de las dos posiciones.

El primer tipo, el que da espontáneamente, encontrará casi siempre que al final de cuentas dio menos de lo que imaginaba si se dejó «llevar por el Espíritu» estrictamente.

El segundo tipo, el que trata de servir a Dios, inflexiblemente metódico en su acercamiento, corre el riesgo de caer en el legalismo y de adoptar una mayordomía de un estilo casi farisaico.

Mi recomendación es que haga ambos.

¿Podrían comentar sobre lo que es dar con buen espíritu? «Dios ama al dador alegre» ¿Qué hay de cierto en los «planes de prosperidad?» ¿Podrían estos estar mal motivados?

MUMFORD: La motivación en todas las cosas es la esencia de la experiencia cristiana. No es el qué sino el por qué lo que interesa a Dios.

Dar de mala gana deshonra a quien deseamos o estamos obligados a dar. Una actitud tacaña tiene sus raíces en la debilidad espiritual. Los recursos nunca faltan donde Dios se mueve con libertad.

Enseñar a la gente a dar para recibir arrastra siempre consecuencias graves. Los planes de prosperidad dan resultado muchas veces y por eso la gente cree que Dios los prueba. Este razonamiento es muy superficial y peligroso. No se puede dudar que «quien da, también recibe.» Esta es una ley espiritual. Pero la persona que la descubre y comienza a usarla con una motivación errada, se coloca en una posición peligrosa.

Por ejemplo, si alguien supiera que dando a Dios $10 recibirá $100, sería un idiota sino empeñara, vendiera, hipotecara y robara todo lo que pudiera para hacer semejante inversión. Dios jamás contemplaría un plan así. Por otro lado, cuando un cristiano que ha sido enseñado y motivado adecuadamente da sacrificadamente, Dios lo bendice de una manera acorde. El peligro radica en la interpretación del por qué fue bendecido de Dios.

COLEMAN: Como ya se ha dicho, lo que uno da es una cosa, pero por qué lo da es asunto de motivación. Tal vez nos haría bien conocer algunas formas mal motivadas de dar y así podremos analizar mejor la nuestra propia. Mencionaremos cuatro por lo menos: (1) Dinero de conciencia. La motivación es comprar su conciencia – escapar de alguna responsabilidad con Dios. (2) Dinero egoísta. Exigir reconocimiento por lo que se da. (3) Dinero emocional. Digamos que una persona consigue un aumento de sueldo, recibe un regalo inesperado, o experimenta un fervor religioso y emocional – y ¡le da a Dios una propina! (4) Dinero de regateo. La motivación pudiera ser la codicia – dar dinero para ser bendecido. Los «panes de prosperidad» a menudo apelan a esta motivación.

Uno tiene que tener mucho cuidado cuando da para recibir. Las motivaciones que hemos mencionado podrán conseguir dinero para ciertos propósitos, pero jamás llevarán a un cristiano a la madurez. La motivación suprema cuando se da radica en este pensamiento: «Mi Señor es dueño de todo lo que tengo, incluyéndome a mí mismo; lo que doy expresa mi adoración y alabanza a quien amo.» Dios no sólo «ama a un dador alegre», un dador alegre también ama a Dios.

BASHAM: Hablando de «alegría», debemos darnos cuenta que somos mandados a diezmar estemos o no alegres, nos sintamos o no bien cuando lo hacemos. Si un hombre está bien en su relación con Dios, cuando dé será alegremente. Pero si no nos sentimos bien alegres, eso no nos exime de ser obedientes. Yo creo que si comenzamos a diezmar aunque no nos «sintamos» bien o nos duela cuando lo hacemos, Dios va a bendecir nuestra obediencia y nuestros sentimientos cambiarán hasta que lleguemos a dar con gozo. Alguien ha dicho lo siguiente: «No des sólo hasta que te duela, da hasta que te deje de doler.»

Con respecto a los «planes de prosperidad» y los «pactos de bendiciones, etc», operan porque están basados en principios bíblicos y válidos … «Dad y os será dado» (Lucas 6:38). Sin embargo, me parecen objetables cuando ministros o evangelistas lo usan continuamente para reclutar a la gente para que ayuden a sus propios ministerios. Una cosa es enseñar: «Dios te bendecirá si das» y otra «Dios te bendecirá si me das a mí.»

Hemos oído tantas leyes para diezmar . . . «de diezma antes de las deducciones» … «el primer cheque es del Señor» … «da solo a tu iglesia», etc. ¿Como encaja la libertad del Nuevo Testamento dentro del diezmo?

COLEMAN: Cuando una persona comienza a pensar que hay que hacer las deducciones primero y diezmar de segundo, podríamos cuestionar su motivación. Cuando alguien me hace esta pregunta, mi respuesta es hacer otra: ¿Por qué sólo los impuestos? ¿Por qué no deducir también el gasto de la comida, el pago de la casa, etc.? ¿Por qué habríamos de poner lo que damos al Señor dentro del contexto de lo que sobra? El pensamiento inicial del «dador alegre» es dar primero a su Señor y ocuparse de los otros asuntos de segundo. No quiero decir con eso que debamos separar «los otros asuntos» de Dios, porque si se es un buen mayordomo, se es fiel en todas las cosas. Eso incluye el 10% y el 90%. Cuando apartamos la primera décima parte para Dios y Su justicia es primero (Mat. 6:33).

La mención de «leyes para diezmar» me recuerda la práctica de los fariseos que diezmaban y no hacían más que eso. Recuerdo que Jesús les dijo que debían de diezmar sin descuidar las cosas importantes de «justicia, misericordia y fidelidad» (Mateo 23:23).

La libertad del Nuevo Testamento encaja dentro del diezmo hasta el punto en que el corazón de uno está tan convertido a Jesús, que la vida entera es liberada de la atadura de la carne, y más y más se va sintiendo libre para dar con un corazón que ama a Dios. Martín Lutero decía que el hombre necesita dos conversiones – una del corazón y la otra de su bolsillo. Cuando definamos nuestra relación con el dinero, habremos resuelto uno de los puntos más importantes de la vida. El uso adecuado del dinero nos traerá gozo y libertad. Jesús dijo: «Gratuitamente recibisteis, dad de la misma manera» (Mateo 10:8).

BASHAM: Generalmente, esta pregunta, si debe diezmar sobre el ingreso neto o total, revela una actitud básicamente egoísta. Bien nos pudiéramos preguntar: «¿Qué es lo menos que puedo dar para considerarme todavía obediente?»

Jesús dijo: «Por eso, lo que queráis que los demás hagan por vosotros, hacedlo vosotros por ellos» (Mateo 7:12) Yo creo que podemos aplicar este principio del diezmo. Si Dios te dijera: «Quiero aumentar tus ingresos en un 100%» ¿Cuál cifra le daría? ¿La de antes o después de las deducciones? Cualquiera que sea su respuesta úsela para determinar cuánto es su diezmo.

Si entiendo bien la diferencia entre el diezmo en el Antiguo y el Nuevo Testamento, el primero se daba para obtener justicia y el segundo en gratitud por haber sido justificados por medio de la fe en Jesucristo.

Basándonos en las enseñanzas del Nuevo Testamento sobre la mayordomía específicamente en la Parábola de los Talentos, ¿nos da Dios ciertas bendiciones o tenemos que ganarlas?

BASHAM: Es obvio que hay ciertas bendiciones de Dios que no podemos ganar, la salvación, las sanidades, el bautismo en el Espíritu Santo, etc. Sin embargo, hay otras provisiones y bendiciones que están dentro de la voluntad de Dios para nuestras vidas, que pueden ser apropiadas mediante la oración y la obediencia a las condiciones necesarias para recibirlas.

Por ejemplo: «Dad y se os dará… » La obediencia a este mandamiento resultará en bendición porque el principio funcionará en la vida de cualquier creyente. Sin embargo, cuando se refiere a otras bendiciones, la elección es de Dios. Jesús dijo a los doce discípulos: «Vosotros no me escogisteis a mí, sino que yo os escogí a vosotros.» Nada pudo haber cambiado el resultado de esta elección; ninguna oración, persuasión y obediencia de parte de algún otro hombre le hubiera ganado la entrada al grupo de los doce. Esa bendición vino por la elección soberana de Dios. Igualmente, nosotros no escogemos nuestro ministerio o lugar de servicio. Dios escoge y nosotros respondemos en fe y Dios nos entrega las bendiciones necesarias para el cumplimiento de Su plan.

COLEMAN: Comienzo con la declaración de dos principios bíblicos: (1) «Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y eso no es de vosotros, es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe» (Efesios 2:8-9). La palabra «salvados» no significa la experiencia inicial del nuevo nacimiento únicamente, sino que se extiende a nuestro caminar cristiano. (2) «El cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan grande muerte» (2 Cor 1 : 10 revisión de 1960). Esto nos muestra que la salvación es una experiencia continua (pasado, presente, futuro). La misma gracia que nos «salvó» en nuestra experiencia inicial, nos sostiene también en nuestro caminar diario y la misma gracia consumará nuestra salvación en la segunda venida de Cristo.

En el juicio de los santos, se darán las recompensas por sus obras hechas mientras estaban en la tierra. Jesús dijo: «Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles; y entonces recompensará a cada uno según sus hechos» (Mateo 16:27). Parte de lo que significa acumular tesoros en el cielo está en nuestro dar aquí en la tierra como parte de nuestra mayordomía total. Mi convicción es que la salvación es libre y por gracia; que dar significa acumular tesoros en el cielo está en nuestro dar aquí en la tierra como parte de nuestra mayordomía total. Mi convicción es que la salvación es libre y por gracia; que las recompensas se «ganan» y se reciben en el cielo.

Nuestra relación con el Padre mientras estamos en la tierra es de tal naturaleza que no podemos decir que hemos «ganado» nada. Las bendiciones son totalmente producto de la gracia. Podemos apropiarnos de las promesas de Dios de bendecirnos, y estas vendrán de acuerdo a nuestra fe y obediencia en nuestro andar con El. Cualquier motivación de «ganar» debe ser crucificada.

MUMFORD: Tomando la pregunta en el sentido de qué es y cómo es que Dios recompensa, voy a decir que «Dios da siempre» Nosotros fuimos hechos para recibir. ¡Él es el Dador!

El elemento que Dios busca en nosotros y que somos capaces de producir es la fidelidad. Sea que tengamos mucho o poco en tiempo, dinero o habilidad, todos podemos ser fieles en devolver a El y usar para Su servicio lo que El nos ha dado. Dios lo recompensará. …