Querido amigo en Cristo:

Recientemente, almorzaba con un amigo pastor en otra ciudad. Hablábamos de un hermano en el Señor, y de la tremenda bendición que él es para muchas personas. Este amigo pastor mencionó que hacía más de 25 años, el Señor lo había impresionado para que invirtiera tiempo y cuidado pastoral en ese hermano y su familia. Yo conocía el caso de ellos, y siempre me he maravillado de cómo la inversión del pastor ha resultado en un fruto multiplicado en y a través de la vida de este hermano.

Se habla mucho de que nuestra economía global está pasando por un momento muy difícil. La mayoría de nosotros estamos viviendo esta realidad natural. Algunos economistas dicen que ahora es un mal momento para hacer inversiones. Pero estos asesores no están contando toda la historia. Si lo vemos desde una perspectiva espiritual, este es un excelente momento para invertir. Necesitamos pedirle al Señor sabiduría sobre dónde y cómo hacerlo, pero puedo prometerle que una inversión en el propósito de su reino producirá una gran cosecha que bendecirá a innumerables personas.

Dónde sembrar nuestro tiempo, energía y recursos es una “constante vital” para la extensión de su reino. La acción de gracias a Dios aclara nuestra visión y nos recuerda que todos nuestros recursos provienen de él y le pertenecen, y que nuestras circunstancias están en sus manos.

Me alegraré en Dios

El profeta Habacuc nos recuerda una época en la que las circunstancias eran muy difíciles en Israel. En su libro, Habacuc y Dios dialogan sobre los problemas que se avecinan, y a Habacuc no le gustan las noticias. Sin embargo, expresa su fe en el Señor y se regocija en él, incluso en los tiempos de pruebas:

17 Aunque la higuera no florezca,
 ni haya frutos en las vides;
aunque falle la cosecha del olivo,
 y los campos no produzcan alimentos;
aunque en el aprisco no haya ovejas,
 ni ganado alguno en los establos;
18 aun así, yo me regocijaré en el Señor,
 ¡me alegraré en Dios, mi libertador!

19 El Señor omnipotente es mi fuerza;
 da a mis pies la ligereza de una gacela
 y me hace caminar por las alturas.
(Habacuc 3:17-19).

Este es uno de mis pasajes favoritos de la Biblia, aunque tengo que admitir que es risible siquiera pensarlo que podríamos alcanzar esas alturas con recursos naturales, como las personas muy bajitas con sus tacones altos. Sin embargo, este pasaje sigue siendo precioso para mí porque es muy relevante para nuestros tiempos.

Habacuc entiende que la adoración y la fe no se basan en las circunstancias, sino en la fidelidad del pacto de Dios. Nuestra esperanza no se basa en lo que vemos o sentimos en el momento. Está arraigada en la fidelidad eterna de Dios y en su Palabra comprobada. Habacuc dice que no importa cuán difíciles se pongan las cosas, podemos regocijarnos en el Señor. De hecho, dice, me «alegraré» en el Dios de mi salvación. En el pasaje original, el verbo significa «saltar y danzar» con alegría y confianza por nuestra salvación en Dios.

El profeta declara que, aunque nuestros ojos no lo vean todavía, podemos alegrarnos, porque en la eternidad, en el plan soberano de Dios, ya está hecho. Esta clase de confianza no se puede fingir, ni lograr con gran esfuerzo, ni tampoco exagerarla. Es la esencia de la fe floreciendo en medio de las pruebas más adversas. Nos alegramos, incluso en medio de nuestras dificultades, porque nuestra confianza en Dios nos da el derecho de reclamar la alegría como nuestra.

Santiago, el hermano de nuestro Señor, lo expresó de esta manera:

 2 Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia. Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada. Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie. Pero que pida con fe, sin dudar, porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento» (Santiago 1:2-6).

No nos alegramos por el dolor, sino por la ganancia que nos espera. Cuando estoy levantando pesas en el banco y no tengo suficiente fuerza para quitarme la barra que tengo sobre mi pecho, eso no me hace sentir muy feliz. Cuando mis brazos arden y tiemblan como una hoja queriendo quitarme lo que me agobia, eso no me hace sentir muy arrogante. Lo que hace regocijarme es que sé que haciendo ese ejercicio estoy aumentando la fortaleza muscular, estoy quemando grasa y que a su tiempo esta fuerza me servirá.

El apóstol Pablo, que no era ajeno a las dificultades, nos recuerda:

También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y no solo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado (Romanos 5:2-5).

El gozo después de la cruz

Según Hebreos 12, “Jesús soportó la cruz por el gozo que le esperaba.” Dios no nos llamó a predicar una teología de gracia barata, de salvación descuidada, de seguir modas o de pegatinas simplistas. Declaramos una teología del gozo que está arraigado en el compromiso del pacto de Dios, ratificado en la sangre de Jesús en la cruz, en su gloriosa resurrección, y su prometido regreso.

Descansamos en el conocimiento de que incluso ahora, Jesús está sentado a la diestra del Padre intercediendo por nosotros. Nuestra teología nos enseña a tomar nuestra cruz y seguir a Jesús, que quien quiera salvar su vida debe perderla primero por él. Es una teología que está hecha para tormentas y terremotos. Los pactos no se hacen para tiempos buenos. Los votos matrimoniales se hacen para tiempos buenos y para tiempos malos; para tiempos de abundancia y para tiempos de escasez; … para lo que creemos merecer y para lo que somos indignos. La fidelidad del pacto de Dios con nosotros en Cristo, operando a través de nosotros, nos llevará «a través de las más feroces sequías y tormentas.»

No porque disfrutemos del dolor, sino porque nos aferramos a una verdad que trasciende y supera el dolor. Por la fe, podemos ver un propósito redentor en el dolor y regocijarnos en la fidelidad de Dios siempre. Dios ha hecho un pacto con nosotros, y nosotros con él, pero es su pacto el que nos sostiene y su fidelidad nos capacita para serles fiel.

No hay nada imposible para Dios

Jeremías vivió en los días más tenebrosos de Israel, cuando la nación se estaba desintegrando. Él y los demás profetas fieles a Dios habían advertido al pueblo, pero pocos recibieron su mensaje y la mayoría de ellos se enfurecieron por sus palabras. Finalmente, Jerusalén fue sitiada por el enorme ejército babilónico. La derrota era inminente, el hambre era una realidad, la derrota, y el cautiverio se cernían sobre el pueblo atrapado tras los muros.

Jeremías no sólo estaba atrapado en Jerusalén, sino que incluso fue arrestado por hablar la palabra de Dios. En medio de esta terrible situación, apareció su primo, ofreciéndole vender sus tierras a Jeremías. La tierra probablemente ya estaba bajo el control de Babilonia y parecía no tener valor. La plata era muy escasa, y Jeremías no era un hombre rico. No parecía ser un buen negocio en absoluto.

Pero el Señor le dijo a Jeremías que comprara las tierras. Jeremías hizo exactamente lo que dijo el Señor, pagó el dinero y firmó la escritura. Luego le dijo a su asistente Baruc que sellara las escrituras en jarras de arcilla y las conservara. Jerusalén estaba a punto de caer, Babilonia estaba a punto de tomar el poder, estaban sucediendo cosas malas, ¡y Jeremías estaba invirtiendo en una tierra que parecía no tener valor! Pero era una señal profética para el pueblo. Un día, la tierra sería redimida. Las casas se volverían a construir, el grano volvería a crecer en los campos, se plantarían viñedos y darían fruto. Jeremías había profetizado juicio y destrucción, pero ahora profetizaba esperanza, y más allá de la esperanza, ofrecía adoración:

16 »Después de entregarle la escritura a Baruc hijo de Nerías, oré al Señor: 17 »¡Ah, Señor mi Dios! Tú, con tu gran fuerza y tu brazo poderoso, has hecho los cielos y la tierra. Para ti no hay nada imposible.» (Jeremías 32:16-17).

Servimos a un Dios que rutinariamente hace posible lo imposible. Sara se rió cuando el ángel del Señor le dijo que tendría un hijo en su vejez. El ángel le preguntó: ¿Acaso hay algo imposible para el Señor? No sólo tuvo un hijo, sino que lo llamó Isaac, que significa «risa». El ángel Gabriel le dijo a María que concebiría un Hijo por el Espíritu Santo. Ella dijo: «Hágase en mí según tu palabra». ¡Nada es imposible para Dios!

Si sólo actuamos de acuerdo con las cosas que vemos con nuestros ojos y oímos con nuestros oídos naturales, nos perderemos la realidad más fundamental de todas. Desperdiciaremos una oportunidad sin precedentes, sin darnos cuenta de que existe, y nuestra oportunidad se la daremos a otros. El propósito de Dios en la tierra se cumplirá; Yo pregunto: ¿queremos ser parte de su plan?

La verdadera visión es la capacidad de ver por encima y más allá de las líneas de visión limitadas. Es trascender el espacio y el tiempo, para ver lo que está delante, a la vuelta de la esquina. Cuando se le preguntó por el secreto de sus habilidades en el Hockey, «El Grande» Wayne Gretzky citó a su padre y entrenador, quien dijo: «Ve hacia dónde va el disco, no hacia donde ha estado».

En Mateo 6, nuestro incomparable Señor Jesucristo, nos dio este consejo al considerar nuestras propias inversiones de tiempo, energía y dinero:

19 »No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. 20 Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. 21 Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.” (Mateo 6:19-21).

Un grano de trigo

En un día en que todo lo que puede ser sacudido lo será, no querremos invertir en lo que se puede destruir fácilmente. Con frecuencia, caemos cautivos de las demandas urgentes de lo temporal sin escuchar la voz del Espíritu y mirar su reino eterno.

La inversión sabia es costosa. No sólo requiere dinero, sino también tiempo, energía y oración. Esto es especialmente cierto cuando invertimos en las vidas de otros. Pero, recuerde el testimonio que compartí al principio de esta carta. Cuando cuidamos las relaciones y las causas a las que el Espíritu de Dios nos ha dirigido, nuestra «semilla» se multiplicará. Los recursos que invertimos en su reino crecerán, no disminuirán. Jesús dijo:

24 “Ciertamente les aseguro que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo. Pero, si muere, produce mucho fruto” (Juan 12:24).

En este tiempo de sacudidas, muchos pueden verse tentados a meterse en su concha, o limitarse a acaparar su semilla. Pero Dios nos llama a dar un paso de fe, a invertir donde él está invirtiendo, y así disfrutar de la cosecha que está por venir. Ya sea en compartir el evangelio, ser mentor de un joven, dar el diezmo a su iglesia local, dar su ofrenda a un ministerio o servir a su comunidad. Cuando lo hacemos «como para el Señor», él se complacerá y suplirá todas nuestras necesidades.

Gracias por estar con nosotros en sus oraciones y en sus donaciones. Gracias por su amistad y compañerismo. Humildemente le pedimos que busque al Señor para que le indique la mejor manera de bendecir a Charles Simpson Ministries este mes. Estamos sembrando nuestra semilla en vidas y ministerios en todo el mundo. Lo amamos y damos gracias a Dios por usted.

En Jesús,

Stephen Simpson

Presidente  

Acerca del author:

STEPHEN SIMPSON es el Director de CSM Publishing; de 2004 a 2013 fue pastor principal de la iglesia Covenant Church de Mobile, Alabama y ministra en iglesias y misiones en Estados Unidos y en otras naciones. Él, su esposa Susanne y su hija Gracie viven en Mobile, Alabama.

A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas son de la Nueva Versión Internacional

Carta Pastoral- agosto -2022 – Usado con permiso.