Por Charles Simpson

Primera parte: Y que vuestro fruto permanezca

La reproducción espiritual – una nueva forma de evangelismo. El tema del evangelismo es uno de esos tópicos que, cuando se ha dicho y hecho todo, hay más dicho que hecho. Pero Dios está dispuesto a damos nueva comprensión sobre la reproducción espiritual.

Mi ministerio no es el de evangelista. Nunca he sentido ese llamamiento de Dios, aunque a veces me ha dicho lo que Pablo a Timoteo: «Haz el trabajo de un evangelista». Si bien no soy un evangelista, soy un padre y tengo hijos. Lo que voy a compartir no es una idea formulada sobre el evangelismo o cómo hacer conversiones. Mi enfoque es sencillamente cómo llegar a ser padres espirituales – cómo tener hijos espirituales y cómo reproducirnos en Dios.

El deseo y el mandamiento de Dios para nosotros es que seamos espiritualmente reproductivos. En Génesis 1 :28, Dios dijo: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla». No se habla de ir a una cultura extraña y tratar de convertirla, sino de tener hijos espirituales en la familia de Dios. «Fructificad» No es una petición; es un mandamiento. Está escrito en el modo imperativo. Jesús dijo en la Gran Comisión (que dicho sea de paso, no es la «Gran Sugerencia»): «Toda autoridad me ha sido dada en los cielos y sobre la tierra. Id por lo tanto y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;. enseñándoles a guardar (hacer) todo lo que os he mandado» (Mateo 28:18-20). Esto también está en el imperativo. Es un mandamiento. «Id y fructificad». Id yreproducid «. Tampoco dijo: «Id y haced conversiones»; lo que dijo fue: «Id y haced discípulos».

Hay una enorme diferencia entre un convertido y un discípulo. Lo que Jesús nos está diciendo realmente es: «Vayan y hagan lo que yo he hecho por ustedes. Enséñenles todo lo que yo les he enseñado. Vayan y reproduzcan».

Fruto abundante  

Juan 15 es probablemente el capítulo más completo sobre este tema en toda la enseñanza de J esús.

Veamos algunos versículos.

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador.

Toda rama en mí que no da fruto, la quita; y toda la que da fruto, la poda para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado.

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como la rama no puede dar fruto por sí misma, si no está unida a la vid, así tampoco vosotros si no estáis unidos a mí.

Yo soy la vid, vosotros las ramas; el que está unido a mí, y yo a él, da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer.

Si alguno no está unido a mí, es echado fuera como una rama, y se seca; y las recogen y las echan al fuego y se queman.

Si permanecéis unidos a mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queréis, y os será hecho.

En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y así probéis que sois mis discípulos.”

Dios está dando un mandamiento muy claro en este pasaje. Es tan importante que si alguno no lo obedece será podado o cortado. Sin embargo la iglesia en nuestra generación, por lo general, lo ha desobedecido. No se ha reproducido espiritualmente.

Dos mil años después de que este mandamiento fue dado, tres cuartas partes del mundo están fuera del alcance del mensaje de la iglesia. Las grandes masas de población de la tierra de nuestros tiempos están escondidas detrás de cortinas de hierro y de bambú o de otras barreras culturales y religiosas. Por lo general, la iglesia no ha hecho un impacto serio en Africa, Asia, o Europa Oriental. La dirección política de estas naciones apenas si se ha visto afectada, salvo con algunas excepciones. Esta situación es deplorable si consideramos que el mandamiento que el Señor nos dio fue de hacer no solamente discípulos en todas las naciones, si no de todas las naciones.

Esto tiene serias implicaciones políticas y económicas. Las implicaciones son para todas las áreas de la vida, porque El es Señor de toda la vida.

El mandamiento de fructificar no se está llevando a cabo en las masas de población del mundo. La verdad es que es cuestionable que esté operando en nuestro propio país.

Recientemente, leí una estadística que decía que la religión en los Estados Unidos estaba en el ventiseisavo lugar entre los factores de influencia sobre la vida norteamericana. Me avergüenza pensar que la religión no se toma más en serio en la formación de la mentalidad de nuestra nación. Su lugar está mucho más abajo que los bancos, los sindicatos laborales, los partidos políticos y virtualmente todas las profesiones de importancia.

Diré mi manera de pensar. Si esa es toda la aspiración que puedo tener, prefiero buscar otra cosa qué hacer. El veintiseisavo lugar no es suficiente. Un entrenador de fútbol dijo en cierta ocasión:

«Un empate es como darle un beso a mi hermana». No sé lo que sería quedar en el veintiseisavo lugar.

La Biblia dice: «En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y así probéis que sois mis discípulos». La implicación es que no se tiene lo que Jesús tenía si esta no afecta a la sociedad como El lo hizo. El Padre no se glorifica con menos. La verdad es que Dios no quiere que le asociemos con perdedores. Tal vez debiéramos llamar nuestros intentos por otro nombre hasta que cumplamos con su orden. Dios estaría más complacido si quitáramos el nombre de «cristiano» de lo que estamos haciendo hasta que descubramos si funciona o no, o si tiene la fuerza para hacer un impacto en nuestra cultura.

La credibilidad en los ministros de nuestra generación ha alcanzado un nivel muy bajo. Uno de cada siete sacerdotes católicos ha dejado el ministerio. Tres mil al año dejan el sacerdocio. Estas son las cifras oficiales. Nadie sabe cuántos más se van sin tomarse la molestia de renunciar. Las estadísticas dicen que cada diez minutos los episcopales pierden a otro miembro. No tengo acceso a todo lo que dice de los otros grupos protestantes, pero no creo que sean muy impresionantes.

La verdad es que la corriente principal del protestantismo, catolicismo, y gran parte del evangelismo está en un serio percance si Juan 15 significa realmente lo que dice: «Toda rama en mí que no da fruto, la quita». Sospecho que la razón por la que muchas hojas se están muriendo es porque las ramas han sido cortadas desde hace tiempo y nadie se da cuenta.

Métodos y recursos  

La ironía de todo es que nuestro fracaso de reproducir no es por falta de recursos. Se estima que el capital de las iglesias norteamericanas asciende ahora a más de 300 trillones de dólares. No puedo imaginar cuánto es eso, pero sí que es mucho dinero. Hay más personas en la iglesia, cualquier domingo, que las que asisten a los juegos profesionales de fútbol, béisbol y basquetbol en todo un año.

Así que tenemos 300 trillones de dólares en bienes raíces y más gente en la iglesia un domingo que la que atraen los principales deportes en todo un año. Pero somos incapaces de producir un cambio serio en el mundo en nuestra generación y ocupamos el veintiseisavo lugar en los factores que afectan nuestro país.

Hoy más que nunca se aprovechan los medios masivos de comunicación para la evangelización. Casi todo el mundo sabe quién es Billy Graham y Oral Roberts. Sin embargo, las últimas estadísticas dicen que menos del 5 por ciento de los que hacen decisiones con este tipo de evangelismo se conservan en una forma continua.

La inefectividad de nuestra forma de pensar con respecto a la reproducción debiera de ser aparente para todos. No es porque no haya interés en la religión. Estamos en medio de una explosión de sectas. Más de cinco millones de personas se han volcado a la meditación trascendental en menos tiempo que ha tomado el movimiento carismático en convertirse en una fuerza conocida en el país. Hay todo tipo de sectas apareciendo por todas partes, como los seguidores de Moon y otros grupos que están disfrutando cierta medida de éxito.

Una encuesta llevada a cabo por Loy Harris indica que el pueblo norteamericano está dispuesto a sacrificarse por algo que funcione. Se oye decir que nadie quiere pagar el precio, pero eso no es cierto. Muchos lo harían si oyesen un sonido claro y seguro y si supieran cuál es ese precio.

Las personas que se identifican con la meditación trascendental y las diferentes sectas lo están pagando. Los seguidores de Hare Krishna, y del Rodo Moon todos pagan un precio – la exclusión del trato social, la persecución, el malentendimiento; algunas veces pagan hasta con sus vocaciones. Están rindiéndolo todo. También la gran mayoría de los cristianos está dispuesta a hacer lo que sea necesario si sólo alguien les dijera en el poder del Espíritu Santo y en el nombre de Jesús, lo que tienen que hacer. Porque finalmente comienzan a darse cuenta que ninguna otra cosa va a dar resultado.

La iglesia apriitiva  

El gran éxito histórico de la iglesia del Nuevo Testamento, se llevó a cabo sin el equipo y la tecnología que tenemos disponibles ahora.

Si la iglesia del Nuevo Testamento no hubiese tenido tanto éxito y las cosas nunca hubiesen sido tan diferente de lo que son ahora, ni siquiera estaríamos aquí. Jamás hubiesen cambiado al mundo con lo que hacemos. Si sólo podemos alcanzar el ventiseisavo lugar en este país, no creo que hubiésemos hecho mucho con Roma. Pero ellos no sólo influenciaron a Roma si no que la conquistaron.

La Biblia dice: «Estos que han trastornado al mundo han venido acá también». Y lo lograron sin automóviles, sin la televisión, sin los aeroplanos, sin los periódicos, y sin la Biblia impresa. ¿Cuánto más deberíamos alcanzar nosotros? Lo hicieron sin tratados y sin los aparatos que tenemos nosotros. Hablamos de evangelismo, pero no es la terminología que usamos la que nos hace reproducir, sino la vida que está dentro. Las preposiciones que ellos usaban estaban impregnadas de vida y sus conjunciones llenas del Espíritu Santo.

«Dios me ha escogido no sólo para generar actividad y lograr conversiones, sino para dar fruto que sea permanente».

Su ofrecimiento al mundo no era sólo terminología. La palabra «evangelismo» no se menciona ni una sóla vez en la Biblia y «evangelista» aparece únicamente tres veces. Ellos no ofrecían al mundo sólo palabras – le ofrecían vida. Yo creo por Dios que eso se puede repetir. Puede suceder otra vez. Si lográsemos oir lo que Dios nos está diciendo ahora, yo creo que las mismas cosas pueden suceder.

El evangelismo viejo 

Debo de admitir que en el pasado he reaccionado contra ciertas formas de evangelismo. Nací dentro de la Convención Bautista del Sur y doy gracias a Dios por ello. Los bautistas del sur cuentan con doce millones de miembros. Es la denominación no católica más grande de los Estados Unidos y ha tenido períodos de verdadero crecimiento.

Los bautistas del sur son personas muy organizadas y activas. Se debe contar con buena salud para ser uno de ellos. Oí decir que una vez dos bautistas naufragaron y se encontraron en una isla desierta, y que ese mismo domingo se reunieron y se pusieron una meta de asistencia de tres personas para el próximo domingo. Esa es la mentalidad con la que siempre he asociado al evangelismo: agresividad, orientación de metas de asistencia, hacer lo que sea necesario para cumplir con ellas. Muchos resultados se han obtenido con este acercamiento.

Cualquiera que sean los métodos que usamos para hacer las cosas, cuando somos llenos del Espíritu Santo, esto es por lo general lo que intentamos hacer con el poder del Espíritu.

Mi idea de evangelismo consistía en que todo cristiano verdadero, debía estar siempre «arrastrando» a la gente por el pasillo de la iglesia. Jamás pensé en qué hacer con ellos después de que llegaban al altar excepto darles un apretón de manos y bautizarlos. Nunca comprendí lo que era discipular o madurar.

Tenía la idea de que un buen cristiano era un «ganador de almas». Me alegro de haber descubierto que Dios está interesado en algo más que sólo almas; pero esta era una de las expresiones favoritas nuestras, «ganador de almas». Recuerdo ciertas reuniones de avivamiento en particular. Yo acababa de recibir mi salvación y todavía «destilaba» con el poder de Dios. Tenía mucho celo. Una señora había insistido por unos veinte años para que su marido fuese a la iglesia y finalmente una noche accedió ir.

Estábamos cantando la última estrofa del Himno de invitación y él estaba de pie esperando impacientemente que terminase el culto. Yo dije dentro de mí mismo: «Ese hombre necesita de Jesús», y me dirigí hasta donde él estaba. Yo había estudiado las veinte preguntas y sus respuestas. No había pregunta que él me hiciera a la que yo no tuviera respuesta. Si él hubiera dicho:

«Hay muchos hipócritas en la iglesia». Yo tenía el capítulo y el versículo con qué contestarle. Si hubiese dicho: «Yo no creo en el infierno». También estaba listo para responder.

Me acerqué a él y le dije: «Señor, ¿es usted salvo?»

El me miró y me dijo: «A tí que te importa!» «Este … «

Esa no estaba en mi lista. La pobre mujer se sintió muy mal porque sabía que su marido jamás regresaría a la iglesia. Y así fue.

Después de varios incidentes como este, comencé a darme cuenta que Dios tiene que tomar la iniciativa en el proceso de la reproducción.

Conservanddo el fruto  

Cuando estuve en el Seminario, tomé un curso llamado «Así se ganan almas». El libro de texto que usábamos había sido escrito por un hombre que ahora no cree en lo que escribió. Había diez preguntas que se le hacían al prospecto y si este decía «sí» a las primeras tres o cuatro, se podía estar seguro de tenerlo. No había vendedor con mejor sistema que éste. Decía qué hacer si no apagaban el televisor y qué decir cuando usted mismo lo apagaba. Decía qué hacer cuando había niños bulliciosos. Era un método profesional, altamente pulido. Yo lo memoricé lo probé y tuve algún resultado.

Pero lo que descubrí fue que los resultados generalmente no permanecían. El primer año perdíamos el cincuenta por ciento de los que ganábamos. El próximo año al cincuenta por ciento de los que habían sobrevivido. Después de dos años me daba cuenta que «el celo de la carne» no obra «la justicia de Dios». Así fue que después de un tiempo comencé a tener mis reservas con ese tipo de evangelismo. Comencé a sentir que no era un acercamiento sincero.

Cuando eché atrás me fui muy atrás. Llegué a sentirme muy frustrado -porque el fruto no permanecía. Hay dos cosas que se pueden hacer cuando se reacciona de esa manera. Se puede llegar a desarrollar una mala actitud hacia las personas que en realidad están tratando de hacer algo bueno o se puede enfrascar uno en una posición de no hacer nada. La Biblia dice: «No te sientes en la silla de los escarnecedores». No es suficiente menospreciar algún esfuerzo aunque esté equivocado.

Nunca llegué a despreciar estos métodos, pero sí tuve una reacción negativa. También he tenido algunas reacciones en mi experiencia carismática. Sé lo que es ver a personas recibir el Espíritu Santo y después desarrollar una especie de mentalidad de espectador con la que se sientan a ver lo que hace el predicador y los cantantes y todo lo que sucede, pero ellos mismos no hacen nada para reproducirse.

La Palabra del Señor   

El Espíritu Santo ha comenzado a hablarnos con respecto a esto. En los últimos meses he sentido que Dios realmente nos está diciendo algo. En 1963 cuando sentía tanta frustración con el tipo de evangelismo que he descrito, pasé por un período de sequedad espiritual. En 1964 el Señor me bautizó con su Espíritu Santo y la iglesia comenzó a tener un avivamiento. Entonces cuando algunos de la congregación se dieron cuenta lo que estaba detrás del avivamiento – los dones del Espíritu y orar en lenguas – tuvimos un éxodo.

Todos quieren avivamiento, pero a su manera.

Entonces la Asociación de Iglesias Bautistas comenzó a investigarnos.

Una mañana, como a las cuatro, el Señor me despertó. Me levanté, tomé mi Biblia, fuí a la sala y abrí en Juan 15; el versículo 16 llamó mi atención.

Vosotros no me escogísteis a mí, sino que yo os escogí a vosotros, y os designé para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; y que el Padre os dé todo lo que le pidáis en mi nombre.

Vosotros no me escogisteis a mi. ¿Sabía que usted no había escogido a Dios? «Yo os escogí». Si Dios le escogió fue para algo. Talvez Ud. pensó que le había escogido para que perdonara sus pecados, lo regenerara y le diera poder espiritual, pero mientras usted recibía todo esto, El tenía algo más en mente. El le estaba preparando para que diese fruto.

«Vosotros no me escogísteis realmente. Así creíste hacerlo. La verdad es que yo os seleccioné.

Hice todas estas cosas para que vayáis y deis fruto y que vuestro fruto permanezca». La palabra que me impresionó fue «permanezca». Dios me ha escogido no sólo para generar mucha actividad y lograr muchas conversiones, sino para dar fruto que sea permanente.

¿Le gustaría ver que todo su fruto permanezca? Qué bueno sería. Dios dijo: «Yo voy a haceros fructificar con fruto que permanezca. Estará ahí el próximo año y el otro y el que sigue. Y con él estará el fruto que él mismo haya reproducido».

Comencé a ver que Dios es eterno y que su semilla lo es también. De manera que lo que El engendra, permanece para siempre. Permanece porque lleva su naturaleza. Cuando Dios da una palabra, ésta desafía las circunstancias y todo lo demás.

Nuestra iglesia está sufriendo persecución. La gente nos estaba dejando. Algunos de nuestros miembros que trabajaban en una agencia del servicio civil fueron transferidos a otras ciudades. Si se hubiera podido introducir un camión dentro del edificio no hubiera tocado a nadie. Era como Egipto después de que los judíos se fueron. Todo mundo se estaba marchando.

Pero Dios había dicho: «Os escogí para que deis fruto», y si Dios le escoge para dar fruto lo hará aún en el mismo desierto, porque El lo dice. La palabra de Dios no depende del ambiente en el que venga. Ella produce su propio ambiente. Juan el Bautista usó una roca como púlpito y en el desierto predicó a más personas que cualquier sacerdote o levita en todo Israel. Todos venían para oirle. A pesar de su ropaje, de su mensaje, y a pesar del lugar en que estaba – tenía la palabra. Y Dios la hizo fructificar.

La palabra de Dios le probará. Cuando Dios da una palabra, le llevará por toda clase de pruebas. Es posible que usted intente probarla, pero el probado será usted. La palabra de Dios no necesita ser probada pero usted sí.

Después de que Dios terminó de probarnos y logramos desembarazarnos de nuestra ambición de dar fruto para impresionar al mundo, después de haber pasado por la vergüenza y el desconcierto, y determinamos ser fieles a la Palabra de Dios, el Señor comenzó a añadir diariamente a la iglesia los que se salvaban. Después de un tiempo el altar estaba lleno de nuevo y el edificio también. Luego vino el desbordamiento. Dios estaba añadiendo.

Continuará

En el próximo número, en la segunda parte de esta serie, Charles Simpson examinará la semilla que hace dar fruto espiritual.

Tomado de la Revista Vino Nuevo, Vol 3-Nº 1 -Junio 1979